Papel y bolígrafo
Me gustaba cuando huías y pinte un camino. Me gustaba porque así respiraba: total soy más rápido y cuando quiera te voy a alcanzar. Con dos boligrafos viejos que encontré en un cajón mientras hacía limpieza y con una papel arrugado que por la cara de detrás estaba en blanco. Un camino largo y arrugado que subía por cuatrocientas montañas y nunca encontraba cima. Le pinte arbustos secos en los dos lados acompañados de arboles enormes sin fruto ni follaje, con los troncos carcomidos y las sombras estampadas en el árido terreno dibujando figuras fantasmales. Fantasmas que doblan la hoja empinándote el camino. Cuesta abajo, sin frenos y directa a la papelera; como aquel dibujo. Arrugado, y roto. A la basura.
Me quede pensando un rato y conclui que podría dibujar algo que te gustara. La idea me vino a la cabeza y yo y mi caja de rotuladores nos tiramos en la cama. Con un papel enorme donde pintarte una vida. Una casa bonita llena de muebles simples de ikea, con mucha luz que bañe los rincones y azulejos de colores. Una tele grande para que luego nunca la veas y te quedes dormida. Así, cuadrada y con el marco plateado. Una puerta blindada y gruesa que te proteja de los sustos, que ayude a dormir bien. Me he manchado las manos y tengo que ir a lavármelas. Me seco como puedo frotándolas contra el pantalón mientras vuelvo pensando donde voy a pintarte un cuadrado mágico con el que espiar sin que te vean pero el dibujo ya no está. Mi perro lo ha hecho añicos y ahora solo quedan trozos. Ni casa, ni colores, ni puerta enorme que te cuide del exterior. Solo, trozos de papel. Y muy babeados.
Me dio rabia verlos rotos. Solté un grito y salí a la calle con los bolígrafos en los bolsillos. Pasee durante horas y le pinte a la gente lo que me vino en gana. A una señora mayor le puse bigote. A un gordo granudo que paseaba con la camisa por dentro del pantalón le pinte lunares lilas sobre su camisa blanca justo cuando un chico pasaba. Tras pintar un par de cosas más en otra gente se estaban besando en una esquina de un parque. Les pinte un toldo. En julio el calor aprieta. Me cruce con una mujer estirada, bien pintada y arreglada y le llene los bolsillos de comida para perros. Corrió dos calles enteras con el aroma a canino tras ella, buscando animales por las esquinas y oliéndose las manos. Cuando me reí suficiente pensé borrárselo, pero el boligrafo no se borra. Mala suerte.
Abrí la cartera y no tenía un duro. Me pinte billetes de doscientos euros y me fui de compras. Casi acabo consiguiendo que llamen a la policía. Creo que no son muy habituales. Me pinte un túnel hasta casa para no tener que cruzarme con nadie más. La salida la dibuje justo antes de mi portal. Cuando asome la cabeza había una cola enorme de gente esperando hacerme reclamaciones. Mejor me pinto una puerta trasera, pensé, y saque los boligrafos del bolsillo. Sin tinta...
MrWahWah
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argivo dijo
Me gusta ese juego de pintar para salvar un escollo, y paradojalmente, se presentan otras dificultades. Un abrazo. Argivo
6 Julio 2011 | 05:06 AM