Frutas exóticas
- Venga, cuéntame como es. ¿No?
- No entiende de consecuencias ni de represiones. Hace siempre lo que le pide el cuerpo y la responsabilidad la deja para otros. Cree que la vida es una timba y que ella es de azúcar. Se juega todo el dinero en cada tirada creyendo que al final de la partida se lo van a devolver pero la vida es muy pilla y sabe que ella ya ha aprendido las reglas y que si falla debe perder como los demás. Cada partida pierde todo lo que tiene y destroza los nudillos contra el ropero de su habitación cuando comprende que no es un juego, y que no le queda nada. Sufre un tic nervioso que le hace chocar las yemas de las manos cuando la rabia la consume. La barra de ira y la potencia de movimiento combinado se incrementa y sus dedos aceleran y explota escupiendo por la boca todo lo que se ha callado mientras se dejaba llevar por sus dedos.
Pero escupir, escupe todo el tiempo. Porque no se calla nada y todo lo lanza rápido, pues las verdades le producen ardor y cuanto antes las sueltas, mas sonríe. Sonríe poco y de verdad. Y llora menos, pero cuando lo hace las luces tiemblan y el mundo se apaga porque cierra los puños para terminar arramblando con todo lo que se encuentra a su paso.
No sabe cocinar y siempre come porquerías aunque no engorda ni un gramo. Hace la cama a tirones: resume recoger en amontonar en un rincón hasta que el rincón se haga demasiado pequeño. Experta en rincones o esquinas quebradizas. Experta en escondites, en dejar que no la encuentren. ¿Entiendes?
- Cuéntame más.
- Tiene la cabeza llena de historias. Historias sin final, largas y por episodios. Sueños abstractos de construcciones imposibles que nadie ha visto jamás. Se divierte mas soñando los sueños de los más que los suyos propios. Es capaz de mejorarle la vida a cualquiera desde la entropía de la suya propia. Te escucha, te hace de psiquiatra. Luego, de fiscal y de juez. Alegra la mirada de la gente que se la cruza en la vida. Nunca se despide y tampoco vuelve. Pasa, y se marcha, pero nunca deja hueco pues no lo ocupa. Tan solo se queda sobre los vacios un tiempo, aprovecha los espacios de los demás y se marcha. Da todo en poco, y se marcha rápido.
- ¿Y es guapa? De eso no me estas contando nada. Venga...
- Yo no consigo dejar de mirarla. Su espalda se arquea y le salen unos pliegues en los costados que me absorben. Sus uñas me erizan y su pelo me huele a frutas exóticas. Suave y fuerte, delicada y salvaje.
- ¿Y porque no...?
- No quiero aprenderme sus huesos y estudiarme sus lunares para que encuentre la puerta un día de estos.
...
- Se ha tenido que marchar. Yo os llevare a casa, ¿vale? Se ha encontrado mal de repente. Espero que este bien.
- Vaya, es una pena...
- Bueno, pero nosotros terminamos de cenar sin problema. ¿No?
La silla se vuelca, y unos tacones cruzan el salón. La puerta se abre de golpe y el camarero sorprendido inhala un ligero aroma, y la sorpresa se vuelve sonrisa.
- Frutas exóticas...
MrWahWah
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