Figuras de humo, ardiendo; consumidos en ceniceros.
Sus manos la recorren con una calma infinita. La yema de sus dedos se desliza sobre los huesos de su cadera dibujando el contorno mientras su boca bien cerca jadea y respira al ritmo que sus caricias le dejan. Sus labios apenan se juntan atreviéndose a humedecerse mientras el aire frio que su cuerpo demanda los seca. El humo de los dos cigarros consumiendose sobre el cenicero inundan la habitación. Su mano se aferra fuerte y valiente. Aprieta rabiosa mientras imagina mil insultos que gritarle al oído salpicando saliva. La mueve divirtiéndose mientras esa sonrisa de niña en una tienda de juguetes se le dibuja en el rostro. Acelera y frena como le place mientras los esfuerzos por controlar la respiración de él la provocan más y más. Necesita sentirse vencedora. Y lo necesita ya. El vaivén de su pecho la embauca y cuando quiere darse cuenta sus dedos han avanzado tanto que ya le han cogido ventaja. Y esos dedos la estremecen y la erizan con cada roce. Dibujan su cadera y sus costados hacia arriba, se dejan sentir sobre su vientre dibujando círculos y jugando con su ombligo. Se entretienen subiendo por toda su tripa hasta casi por equivocación, tropezar con sus pezones y apretarlos pidiendo paso libre para sus dedos.
El roce de los labios en su cuello, suaves y pacientes buscando el mejor sitio donde morder la desesperan. Y el mordisco le hace olvidar la batalla, y se deja ganar... Porque ese vestido negro de tirantes, las medias azules y el rojo de los labios llevan pidiendo tres horas perder de una condenada vez. "Ya era hora que espabilaras" rebota en su cabeza sintiendo como sus rodillas flojean y las fuerzas empiezan a fallar. La sonrisa le nace sola y ya no tiene ganas de encontrar armas para defenderse. Su mano se relaja y sus dos brazos caen rendidos sobre esa espalda grande y amplia... Porque derrotado sonriente, no deja de ser un ganador escondido...
Su cuerpo estirado y tenso sobre el colchón de la cama, sus muslos abiertos y el arco de sus pies marcado contra la piel contrayendo las plantas de los pies con los dedos hundidos en los pliegues de las sabanas. El rojo del carmín repartido por todos sus antebrazos, donde han muerto todos esos mordiscos que se merecía ese rechoncho y con pelusilla en lugar de barba que se cree que solo es suya...
Cuando el móvil la sacaba de la ducha, dejando el pasillo lleno de gotas de agua, mientras escogía la ropa luchando con su memoria por recordar algo de cómo llego ese número de teléfono a su espalda, sentir el primer recuerdo de esas manos grandes dibujando descaradas sin ni siquiera un hola de por medio ya le habían hecho decidir que hoy iba a dejarse derrotar.
MrWahWah




Montse dijo
Bueno... tanto visitar nuestras paginas... alfinal tendre que ser educada y felicitarte hoy, asi que... nada lo dicho felicidades un beso ;)
29 Enero 2011 | 11:47 PM