Con vistas al mar
Estoy en otra ciudad. Y estoy feliz, me he dejado atrás las rutinas, las costumbres y los escombros, que pesaban una tonelada.
Me he traído las ilusiones y los sueños. Algo se ha encendido dentro de mí, y es que me arden las ganas de comerme esta vida. Ahora que no soy como una puerta a la que abren y cierran a su antojo todos los demás, me lo paso bien. A veces voy a pasear sola por la playa (sí, es una ciudad con mar, no podría ser de otra manera, ya me conoces) y me da la sensación de que todo a mí alrededor se mueve muy deprisa, pero ya no me mareo, me gusta y lo disfruto. Como beberme unas cervezas con risas. Como cuando me emborracho y mi cerebro no sabe distinguir entre verdades y mentiras.
Me he comprado unos zapatos nuevos, de tacón, muy altos como tú, me duelen y me hacen heridas como tú, pero me gustan, igual que tú.
Empezar o terminar algo sin dolor no tiene sentido ni recompensa. Y aquí no hay nada que me duela, ni siquiera lo que no tengo y nunca tendré, así que me hago daño yo misma, con mis zapatos nuevos.
Sigo creyendo en el destino pero ahora soy más prudente cuando hablo él y opino lo mismo que aquel día que cerré el paraguas para que mis lagrimas se confundieran con la lluvia.
Las tardes de sábado se me han convertido en pequeño pasos que acumulo y respiro y aún no tengo claro lo que he perdido desde que no estás, quizá un poco de peso.
Pero podrías venirte algún día y nos tomamos un café, o el pelo. Un tren al vuelo y sin pensarlo demasiado, como se suele hacer con las mejores oportunidades. Y quedate, quedate lo suficiente para que vuelva a echarte de menos, ya sabes que tengo predilección por las nostalgias. Últimamente pienso en que me gustaría recuperar la sensación de extrañar a alguien aunque sólo sea para recordar que detrás he dejado algo importante.
Aquí la gente no suele devolverte las miradas, y me gusta, puedo observarlos todo el tiempo que quiera sin que se sientan amenazados, parecen libres y felices, se besan sin miedo y se ríen con ganas y en alto. Algunas veces he caído en la envidia, lo reconozco.
He vuelto a escribir pero hace mucho que no escribo de ti, hace mucho que me he ido librando del peso de tu presencia en cada esquina. Puede que eso te duela, pero en el fondo, los dos tenemos responsabilidad en este olvido. Aunque hay veces que tengo sueños donde revivo de nuevo tus manos dentro de mi cuerpo.
E_Trusca




argivo dijo
Entre la nostalgia que mueve la escritura epistolar, y esa sensación del pensamiento culebreando el análisis de sensaciones nuevas, qUE condenan al abismo a las que presuntamente lo eran, como el amor que algún vez generó inquietudes en sus distancias. Refresca la lectura de us textos. ARgivo
22 Enero 2011 | 08:50 PM