Egocentrismo del duro
Ni habitual, ni especial. Siempre he sido de extremos pero se ver el centro. Demasiado desigual para mentes cerradas e insuficientemente normal para gente que se cree estrella del pop. Creo que ahí me sitúo, en un centro de nadie que me deja más sólo que la una, hablando mal y pronto. No soy amable por naturaleza ni regalo los oídos a nadie gratuitamente, eso es trabajo de madres y abuelas. No trabajo sino es por dinero y mucho menos hago cosas que no me gusten por los demás, es decir no soy nada solidario: yo me cuido a mí, el mundo que se cuide solo. O que lo cuide Dios, pero que haga el puto favor de mirar hacia África, que según cuentan, también son sus hijos. Evidentemente, no creo en Dios ni en ningún ser que se parezca. No me da miedo la muerte; en peores plazas hemos toreado ya. Exprimo la vida como una naranja y las gotas amargas dan equilibrio al zumo.
No me gustan las películas donde se pasan las dos horas pegándose y gritándose tonterías, no me gustan las canciones que me suenan a lo mismo de siempre o a copias de otras mejores. Me gusta la música que me hace mover las yemas de los dedos casi sin darme cuenta y sonreír. Me gusta bailar aunque haga el ridículo y parezca un pato que ha tomado cuatro copas del coñac más barato de la tienda de olor extraño de la esquina. Me gustan olores muy extraños y me empalagan los sentidos los mas normales. Me gustan los cuellos que huelen a jardín de palacio morisco. El jazmín, y la humedad. Me encanta el agua. No hago el amor, eso es para después y antes de follar, no mezclemos cosas. Disfruto cocinando cuando tengo tiempo, pero no metas la mano. Mis cosas me las hago yo sólito, no me ayudes si no te lo pido.
No soporto a los liantes , a los cobardes ni a los manipuladores. Y de estos últimos, está el mundo lleno. No permito que nadie diga lo que tengo que hacer ni a donde debo ir, madre ya tengo una. Me da rabia que la gente confunda sinceridad con bordería, las formas sólo maquillan los mensajes. Me gustan los mensajes tal y como son, sin almohadas que amortigüen. No soporto las visitas guiadas ni la gente que se piensa que por ir con ellos lo que ellos quieren es la decisión del grupo. El grupo no decide por mí. Me gustan las conversaciones de tres horas que se convierten en bucles atrapándote creyendo que llevas hablando menos de quince minutos. Y disfruto metiendo el dedo en el culo a gente.
Pero si hay algo que odio por encima de cualquiera de las otras cosas del universo y de los universos paralelos al nuestro, universos donde tendremos cabezas con cuatro ojos, o pies con siete dedos, o vete tú a saber qué...; es que alguien escriba con mayúsculas y minúsculas alternativamente al igual que ese estilo gráfico tan inservible para hacerse destacar y creerse creativo de añadir haches y kas a las palabras sin ninguna misión lingüística mas allá de hacer el imbécil. Porque dicho comportamiento no tiene otra definición posible.
No me gusta la gente que cree que leer es perder el tiempo en tonterías...
Y empieza a no gustarme describirme.
MrWahWah




Raquel dijo
Descubrí tu blog por el tuenti y me parece que escribes muy bien, de verdad. Me encanta este realismo! Continúa así! =)
2 Diciembre 2010 | 12:20 AM