Cerrando sesión
Los ojos entornados sufriendo por volver a enfrentarse a la luz del sol de la mañana. Batalla contra la claridad difícil de vencer sin tener que cerrar los parpados un par de veces más. Un sol naranja que se cuela por los huecos de la persiana dibujando rayas segmentadas de luz en el suelo blanco con motas de colores oscuros. El pelo alborotado, melena castaña donde reina la anarquía y el desorden. Desorden cotidiano, porque siempre que duermes del tirón te levantas con la melena hecha unos zorros. Desorden perfecto de buenas mañanas. Piernas adornadas con la luz que se cuela mientras se restriegan contra la sabana buscando donde acurrucarse. Y esas bragas grises llenas de dibujos y con ese lazo de niña de catorce años justo debajo del ombligo. Los brazos perdidos debajo de la almohada abrazando fuerte a esta contra el pecho y las caderas. Abrazo cálido, acogido entre sabanas revueltas.
- ¿Ya estas trabajando? - Una sonrisa responde desde la silla del escritorio. El resplandor de la pantalla del ordenador apenas se aprecia. - Venga apágalo, hazme un buen café y cuéntame un cuento.
- ¿Ahora? - Esa mirada dulce. Esos labios que brillan a contraluz dejan escapar un sí lento de entre ellos. El humo sale del café buscando pasillos entre la nata y la viruta de chocolate mientras windows cierra sesión y actualiza y actualiza el sistema. Las piernas cruzadas sobre el colchón y los pies fríos calentándose contra la sabana que sirve de crisálida para ti y esa almohada, que os habéis convertido en singular.
- ¿Y qué te cuento?
- Algo que puedas cambiar de final cada día.
MrWahWah


