Figuras de humo, llamadas y rellamadas.
Una peste infernal a tabaco inunda la habitación. Sus ojos se abren poco a poco intentando acostumbrarse a la luz que se cuela por la ventana. La boca completamente seca, los labios con sabor amargo. La punta de su lengua humedece sus labios mientras estirando bien los brazos se despereza. La cabeza empieza a bombear y los pinchazos en la sien no tardan en aparecer. Su cuerpo se restriega contra la sabana que cubre el colchón: gira, se acurruca sin dejar de moverse buscando donde sentirse cómoda. Su cuerpo se gira hacia la habitación mientras sus pies recorren la cama buscando la sabana que se encuentra enrollada y aplastada en una esquina de la cama. El aire que se cuela por la persiana es frío, se escucha la lluvia y unas ligeras gotas de agua se cuelan por la ventana también. Se inclina como puede para recoger la sabana haciéndosela por encima. La cabeza parece explotar justo cuando su cuerpo se pone en posición vertical. Cae sobre el colchón de golpe, golpeando y rebotando hacia arriba. Los ojos cerrados de nuevo... "¿Qué hora debe ser?" pasea por su mente cuando sus pies helados buscan el calor de la sabana. Poco a poco sus sentidos se van despertando para dejar paso a un dolor horrible en la planta y el arco de los pies. Sus piernas se encogen y sus brazos rodean la almohada fuerte. La respiración en su pecho se va pausando a la vez que se hace más profunda.
El sonido de la lluvia va desapareciendo dejando paso a los rayos de sol, sol radiante de lluvia, que se cuela por los pequeños agujeros de la persiana calentando la habitación y las sabanas de la cama. Su cuello y su pecho se mojan por el sudor. La camiseta se pega a la piel de su espalda. El calor en su entrepierna y su bajo vientre la despierta de golpe. Se retuerce en la cama de un lado a otro... "Tenía que mearme justo ahora". La sabana vuela por la habitación, sus pies descalzos golpean contra las losas heladas del suelo hasta llegar al aseo. Sentada, meando, el reflejo de su pelo despeinado la hace sonreír. El dolor de cabeza desaparece, es mucho más leve que antes. Su rostro se paraliza contemplándose a si misma en el cristal.
- ¿Qué coño es esa marca de mi hombro? - Con la mano apoyada en los manises del aseo sube sus bragas todo lo rápido que puede y se acerca rápido al espejo. Una marca roja oscura se dibuja en su clavícula. Otra muy similar en su cuello. Se levanta la camiseta rápido para descubrir otra sobre su pezón. Su cara de asombro se refleja contra el espejo...Son mordiscos. ¿Quién me trago a casa? ¡¿un puto lobo?! - Las manos en la cara, los codos apoyados en el borde del lavabo. El grifo empieza a dejar caer agua. Se lava la cara con toda el agua que le cabe en las palmas de las manos, agua bien fría que le da una bofetada helada y dura.
Sale a la cocina. Por el pasillo se encuentra su vestido y sus botines tirados en el suelo del pasillo. Una patada de rabia los aparta y el sonido de la cafetera la acompaña mientras apoyada con las manos sobre el frío mármol de la bancada mira a su alrededor cavilando e intentado recordar, dejandole hacer recuento de la noche cronológicamente: "y estaba ese chico, luego ella se fue. Me tome una copa con aquellas dos chicas de la izquierda y luego... Luego no me acuerdo de nada, mierda". El café caliente se habré paso por su garganta colándose en su cuerpo y como si se tratara del compuesto medicinal más potente hace marcharse ese infernal punteo en la sien. Ella y su taza acaban tiradas en el sofá derrotadas por la memoria. Ya no hay esfuerzos por acordarse: "ni siquiera sé si lo pase bien, que más dará..."
El botón del mando hecha humo, el zapping no regala nada interesante con lo que entretenerse, el café se agota y el fondo de la taza aparece. El solaje del azúcar no cae por mucho que vuelque la taza y al final tiene que ayudarse con la lengua. Sonríe sabiendo lo cerdo que quedaría eso si la viera alguien. Por fin encuentra un canal decente donde dan un documental de construcciones americanas donde todo es enorme y genuinamente especial y complicado. El móvil, escondido en algún lugar de aquella leonera suena cada vez más fuerte. El timbre gradual asciende de volumen mientras se lanza del sofá acelerada intentado encontrarlo por casa. Un mensaje de texto recordando que hace diez minutos que la esperan aparece en el móvil cuando lo encuentra tirado entre las sabanas de la cama. "Mierda, porque es ella que sino..." se dice para si misma mientras se coloca los tirantes de la camiseta negra que se pega contra su piel. La puerta se cierra rápido y el portazo retumba en toda la escalera cuando ya se desliza un piso mas había abajo en busca de la puerta.
Sentaba en una mesa redonda con cara de pocos amigos y los brazos cruzados. La sonrisa se hace esperar pero aparece cuando su mano va hacia la sien mientras el suspiro se escapa de sus labios. Dos cafés echan humo encima de la mesa mientras un cigarro se consume en el cenicero.
- Te duele la cabeza ¡Eh! A saber que hiciste al final...
- Pues si te digo la verdad no lo sé ni yo. No me acuerdo.
- Pero venga, ¿Enserio? - El movimiento del cuello afirma reiteradamente y su piel se enrojece. Sus mejillas se ponen rojas y otro suspiro escapa. - Pues deberías enterarte; porque no sé si lo sabes pero llevas un numero de teléfono, supongo, pintado en la espalda. - Sin poder esperar rompe a reír al ver la cara de incredulidad que se le dibuja de repente.
- Pero, ¿qué dices? Es imposible !¿Qué coño dices?!
- Te lo juro, relajate. Espera. - Toda la gente de la cafetería vigila, se ríen presenciando la secuencia. Con una mano gira su espalda para con la otra hacer una foto de su espalda con su móvil. - Mira, no te engaño. - Joder, joder, joder. ¿Y de dónde sale esto? - Con su móvil en la mano marca el numero y llama. - Un tono, dos tonos, tres tonos.... Nada, no contesta. No tengo ni idea de quién es y porque lo llevo escrito ahí.
Se beben el café con calma entre risas y especulaciones, imaginando al hombre más rubio, más fuerte y más inteligente del mundo descolgando el teléfono al otro lado o incluso, escribiendo el numero en la espalda con cuidado para que la tinta del rotulador no se corriese. En la puerta de la cafetería una abrazo y sus caminos se separan. Su silueta, disimulada con una rebeca de punto gris que tapa los números pintados en su espalda se aleja hacia casa.
La puerta de casa se abre, el agua de la bañera cae llenándola mientras sentada en el bidé, con las manos en las rodillas y las piernas cruzadas, contempla caer el agua dándole vueltas a la cabeza entre especulaciones y recuerdos borrosos. La ropa se desliza con cuidado por su cuerpo mientras se contempla en el espejo persiguiendo los pliegues de su cuerpo. Se analiza cada rincón con calma y con cuidado se cuela en el agua de la bañera. El agua cubre su vientre y sus piernas. Cierra los ojos, canturreando relajada.
Abre los ojos de golpe agitada por el sonido del teléfono móvil...
Continuará.
MrWahWah




Joe Andrés dijo
Supongo que cuando un relato te deja a medias sin llegar a "correrte" con el orgasmo del desenlace, es bueno. Eres un campeón. Pero que me maten si entiendo lo de Mr Wah wah.
8 Noviembre 2010 | 03:06 PM