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La Coctelera

Dos que nadaron sin mojarse

Dos que nadaron sin mojarse, es un proyecto compartido, un blog a dos manos.

17 Septiembre 2010

Noventa y dos

Dos...

Seis...

Trece, catorce...

Diecinueve, veintiuno...

Veinteséis...

Treinta y uno...

Los gritos de los vecinos del quinto discutiendo otra vez se cuelan entre el hormigón y los huecos de los ladrillos de la pared que nos separa. Cuando por fin se callan después de echarse en cara un montón de tardes perdidas en el sofá por culpa, obviamente, del otro; aparecen los gemidos de la pareja de arriba. Jóvenes recién mudados que pasan el día dando esos gritos propios de quien no ha tenido una polla dentro nunca. El volumen del televisor sube para que la voz de pito del presentador del programa concurso de la madrugada disimule algo tanta pasión desbordante. Nombre de ciudad desordenado que los labios dejan escapar rápido, casi en susurro. No era difícil de adivinar. El camión de la basura frena justo en el portal de casa, los cubos de basura golpean el metal y el sonido retumba entre las fachadas haciendo vibrar las farolas, los gritos del camionero al resto del grupo y el motor del camión hacen que la tele quede en un segundo plano. Ya van por la tercera ciudad del concurso cuando se marcha perdiendo su sonido poco a poco. El televisor vuelve a tener el protagonismo y se apaga rápido después de pasear por varios canales. Todo parece igual de aburrido.

Cuarenta y siete...

Cincuenta y dos, cincuenta y tres...

Cincuenta y ocho...

La pelea por los rincones fríos de la sabana empieza a tener ganador, cada vez quedan menos rincones helados y más sensaciones con las que distraerse más allá del helor de unas sabanas. Los vecinos han decidido dejar los reproches para mañana y parece que los otros, bueno que al menos uno; termina las cosas con bastante rapidez. La luz parpadea y la bombilla no tarda mucho en fundirse. La lampara de la mesita de al lado de la cama se apaga, y menos mal, porque es de un color dorado horrible con unos cristales opacos en forma de florecitas que casi mejor tirar que volver a mirarla. Con un poco de suerte acabará recogida por alguno de esos basureros que estaban por aquí hace un instante. No sé cómo he dejado que todas estas cosas horrorosas que venían en las cajas rojas de la mudanza, las tuyas, llegaran hasta el portal (arggg). ¿Habrá ladrones de mentira que te deshacen de muebles horribles? (Nota mental: buscarlo en Internet. Todo está en Internet). Las correas del ascensor rozan con las piezas de metal mientras alguien sube pasando por nuestro piso. Es viejo y hace un ruido espantoso (cracracracra). Se aleja buscando otra planta, otra puerta para abrir y otra casa donde seguramente acabe follándose a alguien como un bestia porque a estas horas librarse de las broncas no es fácil.

Sesenta y ocho...

Setenta y dos...

Setenta y ocho, setenta y nueve...

Ochenta y seis...

Suena el teléfono y el ritmo cardíaco acelera. No son horas para llamadas de cortesía. Una mano se lanza a descolgar y tras cuatro palabras rápidas se cuelga de nuevo. Fuera empieza a chispear. Las gotas caen intermitentes y muy finas contra el asfalto de la calle. Golpean contra el metal de los toldos haciendo ese tintineo mecánico que se mete en la cabeza rápido (papapapapa). Me viene a la mente la mañana en el autobús. Cuando chispeaba como ahora y de repente le dio por apretar dejando la ropa tan empapada que se pego rápido a la piel. Las miradas en el autobús después de la carrera para pillarlo a tiempo. Pasar entre la gente sintiendo las miradas de algunos adolescentes y aquel hombre que cuando me senté no dejo de mirarme ni un instante hasta que me baje en la parada. Y se bajo conmigo. Tenía la mirada fría pero muy intensa. Profunda, llena de deseos. Miradas descaradas paseando por todo el cuerpo. Al bajar sentir la presencia a la espalda. El sonido de los tacones contra el de sus zapatos pelean por la acera mientras se aceleran las piernas casi sin controlarlo. Las rodillas temblorosas y las manos empiezan a sudar. El martilleo machacón de sus zapatos nada tiene que ver con el sonido risueño y musical de tus zapatos (pumpumpumpum). El corazón helado y los músculos paralizados cuando sintiendo el aliento en la nuca, te adelanta con una sonrisa risueña en los labios. Hubieras deseado que te rasgara toda la ropa empujándote contra el primer portal hasta dejarla completamente destrozada. Que no hubiera tenido calma ni mucho menos miramientos contigo pero en vez de eso se marcha. Pasa de ser una sombra a una silueta que se pierda en la siguiente esquina. La misma línea de autobús todos los miércoles y la misma persecución llena de los mismos deseos. Mil animales feroces que te atacan por la espalda mientras huyes que cuando se marchan te lamentas en susurro por no haberte dejado comer antes. Los truenos de golpe y los relámpagos iluminando la habitación. Se escucha el pomo de la puerta. La araña aparece retorcida en el estomago apretando con sus patas todos mis intestinos para sentir la liberación cuando otro golpe de aire libera la verdadera naturaleza del sonido. La araña escapa rápido llevándose bien digerida la angustia. La relajación inunda los poros. Los labios se despejan para dejar entrar bien el aire y la babilla asoma por la comisura los labios mientras dedos valientes exploran sin parar.

Ochenta y nueve...

¡Noventa y dos!

- ¿Ya?

- Noventa y dos lunares, noventa y dos besos. ¿Follamos?

- Pero esta vez mando yo. Rómpeme el pijama, ya no me gusta.

MrWahWah

servido por doscientos40 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Lady Blue

Lady Blue dijo

Frases excesivamente largas, y, en la parte final, los verbos no concuerdan en el tiempo entre sí.
Lo siento, pintaba muchísimo mejor al principio.
O estoy excesivamente espesa y escéptica hoy, o, al menos desde mi punto de vista, la relación entre los números y el resto del texto es prácticamente inexistente.
Así como hace poco me gustó mucho otro que escribiste, siento decirte que este no me ha gustado nada.
Un besazoo!

18 Septiembre 2010 | 07:12 PM

doscientos40

doscientos40 dijo

En este texto se quería dejar caer sin remarcar demasiado esos momentos en los que aunque tengas a alguien entregado a ti a cinco centímetros tu, aunque casi sin querer; tienes la mirada y los sentidos mucho mas lejos.
Un saludo!
Gracias por leer.

23 Septiembre 2010 | 09:42 AM

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Uno ilicitano, otra ibicenca; los dos por gusto por la escritura. MrWaWah lanzo la idea, Etrusca acepto sin dudarlo. Cada uno de acuerdo a su punto de vista, percepción y entorno. Una rodeada de agua, el otro; perdido en la península y las palmeras. Dos disfraces para el mismo el mundo.

Gracias a los que...


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