Bonus para el camino de ida
Nunca he entendido ese trauma que coge la gente con la muerte. La última muerte digo, esa que cuando ya no respiras y tu corazón a dejado de latir, te meten en un caja y la gente llora, eso si tienes gente que llore por ti, que es esa es otra. Digo que si esa muerte sólo es una vez pues tampoco tiene que ser tan mala, lo jodido es todas las veces que te mueres por el camino. Que sí, que ya lo sé, forma parte de vivir y que yo no digo que no pero entonces la vida a veces es muy hiija de puta.
Yo he muerto algunas veces y todas ellas han sido asesinatos. La primera vez que morí fue con nueve años, salía de colegio al lado de que entonces era mi mejor amigo y que ahora ya no recuerdo su nombre ni su cara, sólo sus zapatillas que siempre eran mucho mejores que las mías, en la puerta de salida lo esperaba su padre con dos entradas en la mano para algún partido de fútbol, y no fue por las entradas, fue por el te quiero que voló por el aire, mi padre y yo nunca nos habíamos dicho te quiero, como si darlo por echo fuera la mejor opción. La segunda vez fue cuando me di cuenta de que el mundo se divide en dos grupos: los guapos y los feos; y yo desgraciadamente pertenecía al segundo. No recuerdo la edad que tenía ni el curso que estudiaba, sólo la recuerdo a ella con sus vestidos de flores y rayas, sus trenzas perfectas acabadas en lazos a conjunto con sus vestidos; era la primera vez que me atrevía a ser valiente y la última vez que lo fui: "no puedo ser tu novia, eres demasiado feo para mí". Años más tarde me mató mi madre cuando me pilló en la calle fumando con mis amigos, me pegó un bofetón que se me saltó el cigarro de los labios y me llevó calle abajo cogido de la oreja, perseguido por las risas de mis amigos. He muerto más y peor. Cuando murió mi padre y se esfumó la oportunidad de decirnos que a pesar de nuestras diferencias nos queríamos, fue una de las peores que recuerdo. Cuando murió un poco mi madre detrás de él, la televisión ya no se encendía en casa y sus ropas se tiñeron de negro para siempre. Cuando Claudia bostezó en la parte trasera de mi coche y me di cuenta de que por mucho que mintiera no me crecería la nariz como a Pinocho y ella se quedó con las ganas y yo con otro cuento sin moraleja. Y aquella vez que hacíamos paréntesis con los silencios después de follar en nuestra nueva casa y yo seguía inventándome palabras con tal de aquello no acabará nunca, y tú me pusiste los dedos en los labios y luego la mano en la barriga; sonreíste y me callé para siempre que yo era estéril. Cuando me di cuenta de que ese para siempre sólo había durando tres años.
He muerto muchas veces, sí, pero me siguen encantando la azoteas desde donde parece que se pueden mover los hilos de todo este teatro y el suelo de las calles brilla cuando llueve.
E_Trusca



Araceli dijo
Mirado asi... si que se muere muchas veces... que jodido!! Me gusta mucho tu relato, hace reflexionar y ver las cosas desde otro punto de vista. Sigue asi! Un besoo maquina
8 Septiembre 2010 | 08:38 PM