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La Coctelera

Dos que nadaron sin mojarse

Dos que nadaron sin mojarse, es un proyecto compartido, un blog a dos manos.

28 Agosto 2010

Azul anaranjado

 

- ¿Crees que si salto, llegare al otro lado?

- Creo que si saltas te partirás la cabeza, pero por mí puedes probar.

- Reconoce que debe de ser una sensación brutal. Menos el golpe, claro. Esa es la parte que menos me llama la atención. ¿No me echarías de menos ni un poco? Las carcajadas inundaron el mar que aparecía inmenso frente a los dos. El sonido de las olas rompiendo contra las piedras quedó enterrado y ahogado por el sonido de sus risas, sus mofletes hinchados y su piel enrojecida por el esfuerzo de sus desdentadas al reír.

- Echaría de menos el dinero que me debes que, por cierto, podrías pagarme de una vez. No te echaría de menos ni un poco, ¿entiendes? Ni un poquito. - Su mirada perdida, un suspiro llena el silencio... - Aunque pensándolo bien me vendría fatal que saltaras, contigo al lado siempre me he sentido más guapo que solo, será por la comparación. - dice sin parar de reír y con dificultad para expresarse, disfrutando del enfado en su rostro - ¿Por qué tendría que echarte de menos yo a ti? Aunque estuvieras muerta, aún podría mirarte. Te podría disecar y ponerte en mi habitación con las manos en cualquier posición divertida que me sirviera de perchero. ¿Me das permiso?

- Ni por asomo. - Sus labios se relajan, por un momento se imagina convertida en perchero. Los músculos de su cuello también descansan poco a poco. - Prefiero que me pongas en la puerta con un cartel bien bonito para recibir a las visitas. Con las letras grandes de colores vivos y en una pose sensual, así con la cintura hacia un lado y la mano en la nuca. - Su cuerpo se muestra tenso, estirado y realzando cada curva. Se ríe soportando las miradas y los mofletes se le vuelven a enrojecer, esta vez de vergüenza. - Además, si saltara, yo creo que acabaría hecha puré, ¿no?

Inclinando el cuerpo y con la vista hacia abajo es fácil hacerse una idea de la distancia que separa esas rocas que forman parte de un pequeño acantilado del mar. La pared se va escondiendo hacia dentro y tan solo muestra el mar a la vista. Las olas rompen con fuerza contra las rocas creando una masa de espuma que es arrastrada por la corriente. Las gaviotas, que por unos instantes no tienen ningún reparo en golpear cabezas sin hacer el amago de esquivar a quien se interponga en su camino, vuelan persiguiendo a los pocos peces que se atreven a nadar a poca profundidad. El atardecer baña de naranja el agua y ese sol bajo obliga a tener los ojos lo más parecido a los de cualquiera asiático. Algún arbusto, la mayoría secos por el calor del verano, un pequeño sendero marcado por las pisadas de los curiosos y excursionistas y algunas personas: parejas que sentadas en las piedras contemplan el paisaje, grupos de amigos que sacan fotos divertidos y algún que otro solitario que pasea dejándose invadir por la inmensidad azul.

- Pues esta alto, si... - Lo mira mientras sonríe, asomándose hacia abajo sin ningún reparo.

- No te inclines tanto, que me da impresión.

- Que miedica eres. - dice echándose hacia atrás, con expresión calmada y segura. - Si no me vas a echar de menos ¿qué más te da que me acerque? - Se agacha despacio. Sus manos buscan una piedra más o menos redonda en el suelo hasta encontrar la perfecta para tras levantarse rápido lanzarla fuerte hacia adelante. La siguen con la vista y aunque no la oyen caer, ven como el agua se abre dibujando la entrada perfecta para aquel pedrusco.

- Pues porque no quiero tener que recoger sangre, ni tener que hablar con la policía y todas esas cosas pesadas y aburridas. Si quieres tirarte ven otro día. - bromea mientras se miran risueños. Se agacha a por otra piedra, esta más grande que la de ella. La deja caer sin más para poder oír como corta el aire. El sonido de la velocidad acompaña la caída hasta que el agua salpica hacia arriba y se escucha como el mar se traga la roca. Su mirada perdida en la caída, embobada le cuesta volver a la conversación. Levanta la cabeza buscándolo.

- Idiota, si eso ya lo recogen los servicios de limpieza. Y todo eso lo hace la policía, tú sólo tienes que estar aquí, para que no me dé miedo, para sentirme acompañada.

- ¿Y ellos que culpa tienen de qué te lances? Deberías aparecerte en espíritu y dejarlo todo como una patena; reluciente y completamente limpio. Me gustaría verte de fantasma, si ya asustas así...

- ¿Ves? ¡Eres un verdadero imbécil! El manotazo que le dio en el brazo hace retumbar las piedras y el eco devuelve el grito en un par de segundos. La piel enrojecida por el golpe y la cara de asombro frente a ese enfado rabioso. La gente cercana, curiosa, lanzaba miradas y sonrisas señalando. - No me pegues, era una broma.

- ¡Me has hecho daño, eh!

- Te jodes. Tú lo has buscado por decirme esas cosas. Te digo que me tiraría y me sales con idioteces y burlas. En el fondo, te importa una mierda que me tire. Como a todos los demás.

- Estoy de broma y lo sabes. Si no eres capaz de distinguir qué es una broma y qué no, quizás debería hablarte como a los niños pequeños. La rabia en sus ojos es evidente. El intento de abrazo no pasa de intento y se convierte en un cara a cara duro. A menos de cuatro centímetros de los labios del otro, tragan silaba intentado morderse la lengua y frenar sus impulsos.

- ¿De broma? No estoy aquí para que pases el puto día riéndote de mí. ¿¡Entiendes?¡ - grita ella dando unos pasos hacia atrás hacen que empiece a desaparecer la silueta entre los matorrales.

- ¿Y ahora te vas? Estupendo. Di que sí, así se hacen las cosas. - responde alzando los brazos al aire, con resignación y la sangre hirviéndole. - Si te hubieras tirado nos hubiéramos ahorra todo esto. 

Y al segundo, cuando ve su rosto valiente aparecer de nuevo, se arrepiente...

Sus brazos tensos se mueven rápidamente, acompasados perfectamente con las piernas. Su torso se mantiene bien firme, recogiendo aire rápido para acelerar la zancada. Todos los músculos de su cuerpo están tirantes y marcados contra la piel. Él permanece parado, inmóvil, mientras ella, tan rápido como le dejan las limitaciones de su cuerpo, pasa justo por delante de él y, sin más, vuela. Él gira la cabeza en un instante para contemplar la silueta en el cielo tapando el sol y ve su cuerpo rodeado de luz naranja, precipitándose al vació hasta desaparecer, tragada por las rocas.

- ¡No! ¡¿Pero qué coño haces?¡ - Corre todo lo que le dan al piernas hacia el borde del acantilado frenando en seco para poder asomarse. La angustia recorre todo el estomago. El nudo en su garganta se aprieta dejándole casi sin respiración. Siente como el corazón golpea fuerte y rápido contra sus costillas. Su ritmo cardíaco se acelera tanto, que su frente se empapa de sudor frió en menos de cinco segundos. Le falta el aire y en cada bocanada es capaz de insuflarse todo el aire que hay sobre aquel enorme mar.

El peso del mundo se derrumba sobre sus hombros cuando su cuerpo boca abajo flotando en el agua aparece al alcance de su vista. Flotando, sin moverse mientras el mar se va oscureciendo en torno a el. El agua cristalina es cada vez más marrón, más oscura alrededor de ella. Sollozos, gente que se acerca y se acumula. Sirenas, uniformes. Lágrimas que ya no se saben dónde esconder. Su nombre en las noticias, el boca a boca en el pueblo y aquella silueta volando justo antes de desaparecer. No será fácil olvidar aquella tarde.

Dos días después, frente a una gran pieza de mármol blanco y gris, rodeado de gente vacía de palabras con mil remordimientos taponándoles las ideas, nacen de sus labios las primeras palabras en dos días.

- ¿Sabes? Los problemas a veces ahogan demasiado. La vida da alas a quien tiene el camino más fácil, y se las quita a quien se enfrenta al que más obstáculos tiene.

 MrWahWah

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Adrian

Adrian dijo

me recordo a la sensacion que me invadio cuando salte en Bungee, sentir el vértigo de la altura, el aire zumbar cerca de los oídos, pero me gusto particularmente, saludos.

30 Agosto 2010 | 09:45 PM

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Uno ilicitano, otra ibicenca; los dos por gusto por la escritura. MrWaWah lanzo la idea, Etrusca acepto sin dudarlo. Cada uno de acuerdo a su punto de vista, percepción y entorno. Una rodeada de agua, el otro; perdido en la península y las palmeras. Dos disfraces para el mismo el mundo.

Gracias a los que...


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