Publicidad:
Terra
La Coctelera

Dos que nadaron sin mojarse

Dos que nadaron sin mojarse, es un proyecto compartido, un blog a dos manos.

5 Agosto 2010

Calor y cerveza fria

He creído que no llegaba. He terminado de vestirme en el ascensor. Tres pisos para el puto cinturón para que luego se me vea todo igual; no se que para me lo pongo. Podría haberme peinado al menos... por lo menos he llegado a la cola a tiempo. Puto sol.

Es pronto y aún así la cola ya es enorme. El calor sofocante. Y la efervescencia colectiva no tarda en contagiarse. - Ves, te lo dije, tendríamos que haber venido antes. - Tranquila, veras como al final pillamos un sitio. - Cojo a Rebeca de la mano, serpenteamos y nos colamos entre el bullicio como expertas...

-¡Joder tío! Ya podías haberte arreglado un poco.

-Dejalo, ya sabes como es. - las miradas a mis zapatillas medio rotas y al pequeño roto el el filo de mi camiseta han sido insofactas. Menudos dos muelles tienen estos por cuello.

- Eso coño, dejame. Suerte tenéis de que he llegado a tiempo para pillaros antes de que entréis. - La cola avanza y enseguida estamos dentro. Peleo durante quince minutos para conseguir una cerveza caliente y llena de espuma. Me abro paso entre la gente. Por el camino aprovecho para rozar algún que otro trasero interesante mientras observo alguna que otra panorámica desde la posición privilegiada de mi altura. Vistas de vértigo, viva el calor por estas cosas.

- La próxima la pagas tu, ¡Eh!

- Que sí pesado, que sí. - Escucho mientras sus garras se lanzan a la cerveza. Cuando la pruebe veras que risa. Caldo caliente con espuma, no es más que eso. De refrescar, poco.

Entramos, el reciento está a reventar, empujones por aquí y por allá, y pocas posibilidades de encontrar un sitio decente.

- Tengo que ir al baño.

- Joder tú como siempre, eres más inoportuna... primero buscamos un buen sitio y luego vas, que este el paso nos veo subidas al poste de luz para ver algo.

Gente desfasada, brazos sudorosos rozándome, espero que el concierto merezca todo este agobio, porque lo que fue el último...

- Mira mira vamos para allá antes de que lo pillen. - Corremos como podemos entre la multitud de gente para situarnos en tercera fila, escucho algún insulto por detrás que se mezcla entre las letras de las canciones que ya empiezan a cantar algunos.

- Por fin, creí que no íbamos a llegar nunca.

- Venga exagerada, ves al baño, queda poco para que empiecen, y quédate bien con el sitio, que luego me nunca me encuentras.

La música hace acto de presencia. Un par de grupos tocan antes del que a todos hemos venido a ver. La noche pasa rápido; ya he pagado como tres cervezas.

- Chicos tengo que ir al baño.

- ¿Que?!!

- Que voy al baño coño. Ahora vengo.

Qué agusto se mea cuando tomas alguna que otra cerveza. Los aseos estos azules son un peligro, casi me como esa tía al salir, pero menuda tía. Busco a mis amigos con el fresco recuerdo de los pezones contra mi pecho.

 - Las he visto más rápidas eh - me dice Rebeca señalándose el reloj.

- Qué quieres, había una cola de la hostia... y total aún no han empezado, aprovecho y voy a por algo de beber, te invito.

Ahora hay menos jaleo en la barra, todo el mundo está ocupado asegurándose un buen sitio, me atienden rápido, vuelvo con los dos vasos intentando llegar al menos con la mitad del contenido a salvo, la gente grita histérica, el grupo ya ha salido, no presto demasiado atención y otra vez me vuelvo a chocar, hoy no es mi día, la mitad de mi cerveza termina empapando la camiseta de otro despistado.

- Mierda, perdona, no te había visto.

- ¿Tu otra vez? Venga, ¡no me jodas! - Qué rabia que me pase esto con toda la gente que estamos aquí. Me giro y puedo ver que la mayoría de la cerveza esta empapando esa camiseta blanca. Mis ojos clavados en los pezones que asoman con la tela tan pegada. Trago saliva como puedo.

- Vale, tira otra. - Me rió descarado. La música suena ajena. Veo como te llaman desde lejos. - Esta allí; creo que te busca.

El mismo tío de antes, no puede ser.

- Sí, prometo que a la tercera, te invito a una por las molestias.

Bromeo, le guiño el ojo, Rebeca me llama. Paso por delante, con los vasos en alto, sonrío. La música está demasiado alta, ya no me escucha, dibujo un adiós con los labios y regreso con lo que queda de mi cerveza.

- Lo que me fastidia es que la tuya esta fría. - Río mientras se marcha. Con la vista clavada en esos pezones. La mirada de mis amigos lo dice todo. Me parece que llevo demasiado tiempo sin follar, debería hacer algo al respecto de una vez o voy a acabar por comerme hasta las piedras. Nos reímos, hablamos a gritos y disfrutamos de la música. Mi mirada la tiene localizada perdida un poco más adelante entre el gentío. La camiseta se ha ido secando a la vez que ella ha secado su cerveza. Ahora o nunca.

- Ya llevo tres. ¡¿Vas a invitarme o no?! - Puedo sentir su perfume entre la gente mientras su pelo me roza la cara al girarse. Su cara contra babosos me retiene un poco y pongo distancia. La mirada firme.

Las canciones se suceden, la tarde marcha hasta que cae la noche. Las risas, los saltos y los gritos nos acompañan durante todo el evento. La verdad es que el concierto ha merecido todo ese agobio y la cerveza por encima de mi camiseta nueva. Recuerdo mi promesa de hace un rato, sonrío para mi misma,. Estoy animada, contenta, lo último que me apetece es meterme en casa a las diez de la noche, el concierto termina. La gente se dispersa.

- ¿Qué haces ahora, salimos?

- No puedo he quedado con Adri para ver una peli en casa.

Odio cuando se sacan novio y parece que están casadas, aunque tampoco pedir más, al menos ha venido al concierto.

- Ya llevo tres. ¡¿Vas a invitarme o no?! - Me giro, el chico de antes, es obvio que esto ya no es casualidad, me fijo en él por primera vez; el típico desaliñado que conserva el toque sexy, descarado a más no poder y encima mono. Sonrío, puede que aún la noche resulte interesante.

- Qué morro tienes... ¿dónde vamos?

- Donde a ti te de la gana. Tu invitas, tu decides. Mis amigos van a un bar de aquí alado, podemos ir si quieres, o si lo prefieres; puedes raptarme. - Mis manos se adelantan esperando los grilletes. Te ofrezco mis muñecas sonriendo. La gente sale, nos aplasta el uno contra el otro. Mi mano busca tu nalga. Agarro con fuerza.

- Cuidado, no te me pierdas antes de pagar. No sería justo - Sudado, empezando a relajarme después del ritmo del concierto. El recinto se vaciá. Con una señal despido a mis amigos, que se adelantan a tomar algo.

- Pues entonces te rapto - la gente nos empuja, su mano me sorprende en el trasero - y sí, esas manos necesitan unos grilletes bien apretados - me separó, Rebeca se ríe y se despide de nosotros con un "que os divirtáis"

- Voy al baño a cambiarme la camiseta, que mira como me has puesto antes - sonrío, y me alego en en dirección a los aseos.

Menudo trasero. Y que pelo tan largo. Me gusta, tiene su encanto, sino me la follo me retiro del mercado. La sigo rápido, dejo que sienta mi aliento en su espalda.

- A mi me gusta así, pero si tú quieres cambiarte... - Me rió a su espalda. Mis manos en su cintura, fuertes y sujetando bien. No te vas a escapar. Espero en la entrada de los aseos, vigilando de reojo la puerta del tuyo. Tarda demasiado.

Es un fresco, pero me gusta como tantea el terreno, se le ve seguro de si mismo, y me eso me pone. Siento su aliento a mi espalda, y la calidez de sus manos atrevidas en mi cintura, sin poder evitarlo mis pezones se ponen en guardia, "vamos relajaros queda mucho noche por delante". Entro en el baño, me cambio de camiseta frente al espejo, me pongo una sin tirante de rayas azules y blancas, perfecta para mis shorts vaqueros, "joder vaya pelos" me lo recojo en una cola alta y desaliñada dejando mis hombros y mi cuello despegados, "mucho más refrescante".

- Lista ¿vamos? -

- Ahora entiendo la lentitud. Vamos. - Me llama la atención su cuello. Ahora puedo verlo bien. Menudas ganas de morder, veremos cuanto consigo controlarme. La sigo en silencio a medio paso de distancia hasta conseguir salir del recinto. Me pongo a su lado ya en la calle, la controlo de reojo, por si le da por huir. Me coloco bien los vaqueros que ya se me caen demasiado. Me peino mirándome en el espejo de un coche aparcado a nuestro lado.

- ¿Dónde me llevas? - Me paro de golpe dando un saltito frente a ella. Quieto, a menos de cinco centímetros de sus tetas. Ya se debe haber dado cuenta de sobra de lo mucho que me gustan, así que para que disimular. Miro como se le marcan los pezones descarado. Y luego, busco sus ojos.

Me pongo de puntillas, me acerco demasiado, mis tetas rozan inocentemente su pecho por encima de las camisetas, mis pezones se ponen traviesos de nuevo, este tío me pone como una moto, no puedo negarlo, de esta noche no pasa, le revuelvo el pelo con la mano.

- Despeinado estás más guapo, además pega con tu look. Ya estamos cerca.

- ¿Cerca de dónde? - Me despeina entero. Me miro de nuevo despeinado al espejo, sonrío, no estoy tan mal, tiene razón. No retrocedo ni un milímetro. Noto sus pezones en mi camiseta y mis malos pensamientos se disparan.

- Desde qué momento, ¿he empezado a tener que estar guapo para ti? Debo haberme perdido ese trozo de nuestra corta relación. - Se desequilibra y la sujeto fuerte por los muslos evitando que se caiga. Mis dedos se clavan en su carne evitando que caiga hacia atrás.

Me sujeta con fuerza, qué calor, no puedo evitar morderme el labio, seguro que se ha percatado. Pongo mi dedo índice sobre sus labios, haciéndolo callar.

- Cuantas preguntas en un momento desconocido. Conformate con saber que vamos a por esa cerveza bien fría, que falta nos hace - me río, me separo y sigo caminando. Caminamos dos calles, llegamos a mi portal. -

Hemos llegado. Cómo no tengo más dinero encima, y siempre cumplo mis promesas sube si te apetece.

- Yo hace mucho tiempo que aprendí a cobrarme lo que me prometen, aunque me pongan los principios morales por en medio - La he seguido un par de calles, es su casa, seguro que es su casa. Si se piensa que pienso quedarme en el portal, la lleva clara. Me apoyo ligeramente en la pared del portal, mirándola. Le sujeto la puerta para que entre, aprovecho para mirarla con paciencia. Me gusta su cintura.

Es un poco arriesgado, podría cortarse y darse media vuelta, aunque no tiene pinta de ser muy tímido. Seguro que sube, y sino pues él se lo pierde. Sí sí que sube, que nervios. En el ascensor hace muchísimo calor, pico al cinco, vamos dejando abajo pisos, 2,3,4...

- Espera no dejes que lo pillen, aún tenemos que subir un piso más. - salgo del ascensor, abro la puerta de casa, la dejo abierta mientras voy a la cocina a un par un par de cervezas.

No me hubiera importado que viviera en el piso dieciséis. Ha sido divertidísimo ver como sufría en el ascensor, como trabaja saliva sin saber qué decir. Sujeto la puerta con el pie, espero dentro.

Que tensión, seguro que con la cervezas el ambiente se relaja, abro la mía antes de salir, cierro la puerta de casa y me meto de nuevo en el ascensor.

- Toma, promesa cumplida, soy una mujer de palabra, y ahora te voy a llevar al mejor lugar de la ciudad para tomártela con una desconocida - le dio un trago largo.

 - Si, te lo reconozco. Gracias. - La abro con calma. Te miro beber. Como la cerveza cae por tu barbilla, tu mandíbula. Sin esperar a que dejes de beber te limpio con la yema de mi dedo. Rozo el contorno de tu mandíbula, recogiendo toda la cerveza. El ascensor llega a su destino. Te retiro la mano, abro la puerta.

- Sorprendeme.

Salimos a la azotea del edificio. Todo el ambiente de la ciudad bajo nosotros, música y luces lejanas nos hacen compañía, la negrura del mar mediterráneo se pierde detrás de la fila de edificios y casas, en el horizonte.

- ¿Y qué, sorprendido? - sonrío, me acerco al pequeño muro que nos salva del vacío, me apoyo tranquila disfrutando de la cerveza y el paisaje.

Las luces de la ciudad son impresionantes. Nos vigilan y nos acojen creando la mejor de las toallas donde tumbarse. Me quedo embobado durante un par de segundos en el mar. La siento apoyada a mi lado.

- Me encanta esta terraza - Choco su lata de cerveza contra la mía, bebo sonriéndole

- Has cumplido con creces - mi mano es rápida y la lata fría roza su espalda. Noto como se le eriza la piel de los brazos. Corro apartándome, poniéndome a salvo.

- Capullo está helada, ahora verás - rio, salgo corriendo detrás de el, disminuye la velocidad aprovecho y me subo encima de su espalda de un saltito, me vengo vertiendo el contenido de la lata por su cuello, debajo de la camiseta, el liquido resbala por su espalda, su pecho, yo también termino empapada.

- Ves, esta sí es la tercera.

Disminuyo la velocidad a posta. Que hija de puta, me ha llenado entero, si lo llego a saber no me dejo pillar. Que guarrería. Sujeto sus piernas fuerte para que no se caiga. Tengo la camiseta empapada. La dejo bajar con cuidado. Me la quito mientras la miro serio. Se la enseño, llena de cerveza.

- ¿Ahora cómo voy a casa? - Mi vista se pierde rápido en su camiseta que también está muy mojada. No deja demasiado a la imaginación. Le tiro la camiseta a la cara y aprovecho para acercarme un poco. Con mi camiseta la rodeo del cuello, la secuestro contra mi. Muerdo sus labios. Saboreo con calma.

- Tanto beber, da hambre. - Mi boca se lanza a uno de sus pezones. Muerdo fuerte, dejo mis dientes marcados en la camiseta y huyo llevándome mi camiseta conmigo. Al fin y al cabo es mía, y es la única que tengo para irme.

Se aleja después de ponerme a mil con ese mordisco, sin camiseta gana mucho desde luego, no puedo evitar mirarlo descarada. Me quito la camiseta empapada, no tengo nada debajo. La hago un ovillo y se la lanzo.

- Puedes ponerte la mía, está más seca - Me rio, mi pecho sube y baja a causa de la respiración acelerada de la carrera y lo que no es la carrera, me acerco, noto su mirada clavada en mis tetas, en mis pezones, menuda cara - no sé tú, pero yo quiero mi cerveza. - cojo su mano mojada, me llevo sus dedos a la boca, los beso, los lamo con calma mirándolo a los ojos.

Su camiseta me pega en la cabeza. Me giro para comprobar si de verdad a tenido valor a quitársela. Sus tetas desnudas vienen a por mi. Porque yo no puedo ser consciente de nada más hasta que siento que lame mis dedos, bebiéndose la cerveza. Entonces me doy cuenta de que es ella entera la que se ha pegado a mi. Dejo su camiseta en el suelo, junto a la miá. Mis ojos no pierden detalle. Me inclino hacia sus pezones, lamo rápido. Muerdo con la punta de mis dientes y los atrapo entre mis labios. También saben a cerveza. Ella lo ha buscado. Me entretengo con ellos devorándolos a mordiscos y lametones. Hace rato que ha dejado de besar mis dedos como antes, de momento creo que voy ganando.

 - Yo también quiero la mía. Vas a enseñarme tu cama, ¿o a los desconocidos no los dejas pasar de la terraza? - Muerdo fuerte uno de sus pezones para después colarlo entero en mi boca.

- A los desconocidos no los dejo pasar de mi terraza. Tendremos que conocernos mejor. - Abandono su mano, cojo su cabeza decidida, privándole de mis pezones por un rato, mis dientes va directos a su cuello, muermo sin paciencia, acelerada, me emborracho del sabor, mi lengua lo recorre hasta que no queda rastro de cerveza, mis manos que acariciaban y arañaban su espalda, se pierden buscando los botones de su pantalón, que al primer intento caen hasta sus tobillos.

- Ya veo que no tienes dudas de por donde quieres empezar a conocerme. - Respiro acelerado. Trago saliva como puedo cuando me priva de sus tetas. No me resisto y enseguida siento su lengua por mi cuello. Sus dientes devorando, con hambre. Sus uñas en mi espalda, mientras mis manos buscan rabiosas sus muslos. Aprieto fuerte el interior de sus muslos pegándola más contra mi. Noto sus dedos en los botones haciendo que todo mi pecho se erice. Me lanzo a por su cuello. Sujeto su cuello con una de mis manos. La otra no suelta su muslo. Mi cabeza se acerca y me lanzo a su cuello. Muerdo fuerte, dejando los dientes marcados. Relajo su piel con la punta de mi lengua. Ya no hace falta que la sujete, su cabeza se hecha hacia atrás y mientras los mordiscos dejan paso a los besos cálidos, que atrapan la piel de su cuello, mis manos hacen caer rápido sus shorts al suelo. Creo que he roto el botón, que se joda, ella esta en su casa.

Los minúsculos pantalones se deslizan por mis piernas, resbalan y caen al suelo, saco los pies de ellos, enseguida busco su boca, mis dedos a su nuca, a su pelo despeinado mientras los suyos no paran quietos surcando caminos por mi piel, la respiración cada vez más acelerada da paso a caricias efusivas y besos violentos que apenas dejan lugar a los suspiros entrecortados, mis dientes arañan sus labios esponjosos, mi lengua se cuela traviesa buscando un duelo con la suya. Sin la gruesa tela de sus vaqueros siento la presión de su sexo chocando contra mi cuerpo, caliente, duro, a toda costa deseando salir de esos boxers que se han convertido en su prisión, deslizo mis manos por su espalda hasta encontrarme con la prenda que no tarda de en caer al suelo junto con las demás, me separo un poco, quiero ver esa cara, me seco la humedad de los labios con la palma de la mano y la lamo con paciencia, mojándola, mirándole, rodeo su sexo con esta y comienzo un vaivén de movimientos lentos, suaves pero firmes.

Me besa desesperada, ansiosa de más. Sus piernas se muestran firmes y suaves al paso de mis manos. Acaricio sus muslos mientras me dejo besar. He cerrado los ojos un instante, controlando la respiración y su mano húmeda ya juega conmigo. La respiración hace crecer mi pecho cada vez más rápido. Nervioso por sus caricias, dejo de rozarla. Me dejo llevar. Mis labios buscan su clavícula. Beso y muerdo buscando su cuello.

- ¿Cuándo me toca a mi? - Consigo susurrar, entre bocanadas de aire que buscan que no pierda el control, con mi sexo perdido e indefenso entre sus manos. Levanto la vista para no perder detalle de tus gestos. Boca entreabierta, labios bien húmedos, su brazo se mueve firme y seguro, los pezones cada vez más marcados y el tanga cada vez más pegado a su piel. - Yo ya sabía que acabarías con eso tan mojado. ¿Vas a dejar que te lo arranque, o lo tienes demasiado cariño? - Me retiro rápido intentado escapar de sus manos, no voy a ponérselo tan fácil.

Me encanta ver como disfruta de mis caricias, como por un instante ha cerrado los ojos transportado por el placer, no me deja tiempo a mucho más, no es nada pasivo, me gusta, de nuevo noto su boca recorriendo mi clavícula, ahora soy yo la cierro los ojos y escucho sus susurros enredándose en mi pelo,¿Vas a dejar que te lo arranque, o lo tienes demasiado cariño? Noto mi sexo ardiendo, empapado, latiendo acelerado y hambriento. Decidida guio su mano hasta el, la introduzco dentro del tanga, mientras me doy la vuelta, rozándole con mis nalgas, atrapando su sexo entre mis muslos.

- ¿Seguro, así de mojado? - su tacto me estremece, toda mi piel alerta, suspiros que se escapan de mis labios...

El tacto de sus nalgas contra mi pelvis me estremece. Suspiro contra su nuca. Muerdo lentamente, la punta de mi lengua dibuja su clavícula. Mi mano se mueve lenta, perdida en su humedad me ha costado reaccionar. Acaricio con calma con dos dedos, descubriendo el calor de su sexo.

- Todo esto... ¿Es por mi culpa? - Mis dedos sujetan fuerte el filo de su tanga. Noto como sus nalgas se aprietan cuando tiro fuerte de su tanga. Un sonido de desgarro y sale disparado al suelo de la terraza. Aprovecho el shock para adelantar mis manos sujetando sus tetas con fuerza. Rabioso, apretándolas contra mis manos. Sus nalgas ahora desnudas, me acogen y se acomodan contra mi cuerpo.

Noto sus dedos resbalando en la humedad de mis labios depilados, un escalofrío me recorre la columna, la curvo, llevo mis manos a su cuello, buscando un espacio donde clavar los dientes, donde morder y desahogarme antes de que mis gemidos se disparen.

- Todo esto...- me sorprende antes de que pueda terminar la frase arrancándome el tanga de verdad, la fina tela presiona violentamente mi piel, cruje y me quedo completamente desnuda, no puedo evitar un gemido que se pierde entre todo los sonidos de la noche, y de repente sus manos en mis tetas, las mías buscando el muro de piedra donde apoyarme y ofrecerme por completo.

No suelto sus tetas. Aprieto fuerte, masajeo con rabia. Las libero para que puedan sentir la brisa. Mientras disfruto, ha decidido apoyarse en el muro y mi visión es maravillosa. Ofrecida a mi, radiante y completamente desnuda. Mi mano busca abrir sus muslos, hago una pausa en mis caricias. Y allí, frente a la ciudad que nos vigila, y de un solo movimiento rápido, hago que sienta lo mucho que he disfrutado de sus caricias. Un pequeño suspiro se me escapa cuando noto como mi cuerpo golpea contra el tope que hacen sus nalgas.

Su sexo resbala y se acopla perfectamente dentro de mí, me muerdo el labio, sus suspiros me erizan entera y mis gemidos retenidos no tardan en escucharse, apoyada en el muro me pongo de puntillas para que la penetración sea más profunda, muevo las caderas lentamente cuando sus movimientos rápidos y secos me lo permiten, cierro los ojos, todas las sensaciones cobran magnitud por momentos, sus manos agarrándome firmes, su sexo llenándome de placer, sus gemidos y los míos entremezclados hacen que todo vibre con más intensidad, mi vientre tiembla...

Sujeto todo lo fuerte que puedo sus caderas. Quiero que se sienta como la amarro con mis manos, tanto que hasta penetran en su piel. Muevo mis caderas bruscamente. Con buen ritmo, pero seco y rápido al introducirme en ella. Disfruto de escucharla gemir, de como reprime cada bocanada de aire para no delatarse. No puedo evitar que mi ritmo cardíaco se acelere. La muy puta se pone de puntillas, invitándome a llegar aun mas hondo en su cuerpo. Sus nalgas me hacen prisionero en cada golpe contra mis caderas.

Apoyo la frente encima de mi antebrazo, sus embestidas cada vez más agitadas me obligan a utilizarlo como mordaza improvisada, mis pezones erectos se rozan con el muro de piedra que los araña recordándome como sus dientes los atrapaban sin piedad momentos atrás. Deslizo una de mis manos entre mis muslos, buscando ansiosa dónde poder acariciarle, mi mano suave los roza, los rodea, masajea con cuidado, el hecho de tenerlos en mi mano, delicados suaves y duros me encanta, me hace imaginar todo lo que guardan para mí. No tarda en recorrer todo mi cuerpo ese calor que perturba, que hace que pierda por un instante la noción de todo y casi todos los sentidos, su mano juega traviesa encima de mi sexo, mi respiración se acelera precipitadamente, gemidos que se burlan de mi mordaza, no puedo evitar arquear la columna cuando miles de espasmos bullen dentro de mí y me atraviesan todo el cuerpo dejándome indefensa...

Sus manos no dejan de juguetear conmigo. Noto sus dedos disfrutando entre mis piernas y no quiero ser menos. Una de mis manos abandona sus caderas siguiendo el camino del hueso de su pelvis hasta encontrar su sexo. Mis dedos se abren paso hasta que una de las yemas de mis dedos se coloca sobre su clítoris. Cada roce, cada golpe leve, me regala un gemido que ahoga contra su brazo. Necesito escucharla gemir y sentirme ganador de esta batalla. Mis caricias aceleran. Mi cuerpo cada vez más tenso embiste sabiendo que el muro soporta nuestra fuerza. Por fin la oigo gemir, la abrazo fuerte mientras tiembla entre mis brazos. Dejo mis caderas bien pegadas a sus nalgas, sin permitirle un centímetro de descanso. Quieto, le doy todo el tiempo del mundo para que esos temblores se calmen, disfrutarla de verla así por mi. Mis dedos no frenan, ahora es la mejor presa posible y ellos no tienen porque parar.

El cálido y acogedor abrazo con el que ha rodeado mi clímax, deja paso a su lado más cabrón y salvaje. No tiene compasión conmigo, no me da tiempo a relajarme ni recuperarme del orgasmo que me ha dejado sin fuerzas por un momento, lo sabe y aún sigue jugando sus dedos entre mi sexo, buscando mi desespero, permanecer quita es imposible, clavo mis uñas en su trasero, fuerte, me muerdo con rabia el inferior, me retuerzo, el placer es tan intenso que se confunde con el dolor, y aun así me gusta, mis quejidos se suceden, la prisión preventiva que me ha forjado su brazo y la intensidad de sus embestidas me confirma que la situación de sumisión le fascina, me he convertido en su presa.

Mis caderas se separan lentamente de ella, dejándole más espacio para respirar y reponerte. Mis dedos se dieten, dejando que pueda sentir la brisa en todo su cuerpo relajándola. Me quedo allí, parado, disfrutando de como su cuerpo se recompone. El sudor frió recorre su espalda. Mi lengua dibuja su columna con paciencia, cada vertebra, llenándola de besos, lametones leves que tan solo rozan su piel de refilón. Mi cuerpo arde de ganas por seguir hundiéndose en esos labios que no deja de morderse desesperada, en ese vientre que ha dejado de contraerse con violencia y ahora recibe el aire subiendo y bajando con calma. Mis brazos dejan de rodearla, acariciando con todos mis dedos sus costados mientras la voy liberando.

- ¿No piensas darme la cara, o te da vergüenza?

Su cuerpo frena lentamente y sale de dentro de mí, esos besos y el tacto de la yema de sus dedos recorriendo despacio mi espalda son el mejor bálsamo para calmarme, recupero poco a poco el ritmo constante de mi respiración, los espasmos involuntarios de todo mi cuerpo me van abandonando dejándome sólo con el recuerdo de toda esa explosión de sensaciones. Me giro. Tiene el torso embarnizado de sudor, la frente perlada, algunos mechones de pelo pegados a la frente, los labios entornados dejando pasar el aire rítmicamente, aún se nota la tensión en sus brazos y el deseo y las ganas en su sexo erguido y enorme. Sonrío.

- ¿Te apetece pasar? -

El sudor ha bañado mi pecho. Se gira y puedo ver sus tetas. Sus pezones húmedos por el sudor. Su vientre húmedo, sus muslos entre abiertos. La cola que recoge su pelo esta hecha un desastre. Intento calmar mi respiración. Toda la ropa tirada por el suelo, la miro riéndome mientras voy a por ella.

- Nuestra ropa esta hecha un desastre y tengo sed. Me apetece ducharme y algo frio. ¿No decías que a tu casa no metías desconocidos? - No la dejo contestar, mi dedo se adelanta a su respuesta buscando camino entre tus muslos hasta colarse rápido en su cuerpo.

- No deberías romper tus propias reglas. ¿O ya has perdido la batalla y te has quedado sin principios? - Fuerte, empujo mi dedo hacia dentro de su cuerpo. Dibuja círculos lentamente sintiendo la humedad que le he provocado.

Su dedo atraviesa mi sexo como una lanza, rápido y fuerte, clavándose hasta lo más hondo, mis labios se despegan buscando el aire que me falta, me choco de espaldas contra el muro, apoyo las dos manos en el filo, mis piernas se abren un poco desobedeciendo mis deseos, es un arrogante de cuidado, debería quedarse con las ganas y su camiseta mojada, pero me pone cachondísima y en el fondo me divierte.

- ¿Sabes qué? Tienes razón, no debería romper mis propias reglas, aunque las reglas sólo son divertidas cuando se rompen - aparto su mano de entre mis piernas, lamo mi propia humedad de su dedo, estoy segura de que eso le pone a mil, mira que gestos, observo como su sexo vibra mientras sus dedos juegan de nuevo en mis labios y con mi lengua, como sigue maravillosamente duro y brillante, esperándome, me subo de un salto a muro, rodeo sus caderas con mis piernas y le atraigo hacía obligándole a hundirse de nuevo en mi cuerpo, empujo su trasero con mis pies haciéndole llegar hasta el final en cada golpe, mis pezones rozan su pecho en cada movimiento, mi boca se entretiene en su oreja, mordiendo, lamiendo, llenándole de suspiros, daría lo que fuera por ver la que pone mientras le susurro bajito y despacio al oído...

No deja de lamer y jugar con mis dedos. Ver esos labios disfrutando a costa de lo mucho que me provoca me pervierte. Sus piernas me acercan contra ella, que subida en el muro recibe de nuevo mi sexo de golpe. Intento jugar un poco, acelerar y frenar, moverla mucho, y luego moverla muy poco. Acelerar y frenar mis caderas creando intervalos más rápidos, más lentos, más profundos y mucho más leves. Busco sus labios, los muerdo. Juego y disfruto con su lengua, que la siento intentando ganarle la batalla a la mía. Me separo de sus labios mordiéndole el inferior con rabia, haciéndole un poco de sangre incluso. Ella se lo esta buscando.

- Llevo toda la vida rompiendo las reglas de los demás y las mias propias. No vas a ser la primera que se libre. - con la ropa entre los dos, la sujeto fuerte sobre mi con las manos en sus nalgas. Sus piernas me rodean, y mientras no deja de reírse, la llevo soportando su peso hasta la puerta de la terraza

- ¿Me invitas a una buena copa? - La dejo caer con calma en el suelo. Me tomo mi tiempo para mirarla. Recorrer su cuerpo y disfrutar del sudor que la cubre, del brillo de su piel y de la dureza de esos pezones que no me han dejado ni un minuto de descanso desde que la vi en el concierto.

- Mejor la copa te la preparo yo, tu paseate desnuda. Es un buen paisaje para empezar mis vacaciones...

MrWahWah; E_Trusca

Segunda parte: Cambio de planes.

servido por doscientos40 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

J.

J. dijo

La verdad es que me parece increíble que este texto no tenga un solo comentario...
Habéis conseguido que sea una seguidora incondicional :)

23 Agosto 2010 | 02:01 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de doscientos40

Dos que nadaron sin mojarse

ver perfil »
contacto »

Nosotros:

Uno ilicitano, otra ibicenca; los dos por gusto por la escritura. MrWaWah lanzo la idea, Etrusca acepto sin dudarlo. Cada uno de acuerdo a su punto de vista, percepción y entorno. Una rodeada de agua, el otro; perdido en la península y las palmeras. Dos disfraces para el mismo el mundo.

Gracias a los que...


Entre lectura y lectura, esta semana te recomendamos:

Doscientos40's Profile Page

Y si lo que quieres es apoyarnos:




Fotos

doscientos40 todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera