Resignación
De repente, un día, sin ninguna señal previa; todas las palabras que antes te caían bien ahora te entran torcidas, enredadas y raspándote las entrañas en cada silaba. En las mismas mesas donde antes el tiempo corría sin que apenas te dieras cuenta ahora se te hace eterno, pasa tan despacio que te enloquece controlarlo sin verlo avanzar. Conversaciones llenas de vida que te hacían encenderte, discutir e ironizar con cada palabra. Esas que te producían mil y una preguntas ahora pasan sin pena ni gloria por delante de ti sin que seas capaz de meterte en ellas. Como esas plantas que adornan los desiertos en las películas de John Wayne. Roces, manos que buscan provocar grandes sonrisas. Caricias dulces que dibujan formas geométricas con las yemas de tus dedos. Tus dedos, que ahora cuando reciben un leve toque se retiran temerosos, ariscos y fríos. Casi helados. Seguir el ritmo de la música con las yemas de los dedos, golpeando la mesa con alegría, disfrutando de cada nota, de cada acorde. Mismos dedos que ya no se mueven al oír sonar a Chuck Berry.
La comprensión que ponía alfombra a cada uno de tus pasos se pone su traje de resignación. Abrocha hasta el último botón de su camisa y frente al espejo se hace el nudo de la corbata sin prisa. Con paciencia busca el centro exacto para ajustar la corbata, se coloca la chaqueta con esmero, lista para acompañarte a todas partes. Tan pegado a ti que lo sientes en cada paso.
Por mucho que sonrías, las poses y tus chistes no van a curar ni un solo arañazo de tus entrañas. Esos sólo se curan con vida. Vida en mayúsculas, de la que te hace dormir agotado.
MrWahWah



Lady Blue dijo
Las heridas que más duelen son las que no pueden verse con los ojos.
Y hay arañazos que siempre dejan marca. Aunque sea una cicatriz que sólo molesta cuando va a llover.
Pero siempre queda.
16 Julio 2010 | 01:40 AM