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La Coctelera

Dos que nadaron sin mojarse

Dos que nadaron sin mojarse, es un proyecto compartido, un blog a dos manos.

5 Julio 2010

Rasputín

Cuando medía un metro diez y mi madre nunca me cortaba el flequillo porque se me formaban remolinos imposibles de peinar; tenía un oso de peluche. Ya sé que puede resultar típico, e incluso, aburrido, todas las niñas de siete años suelen tener un osito de peluche, pero es que el mío era diferente ¿sabe?.

Mi oso se llamaba Rasputín, y estaba tuerto el pobre, tenía un sólo ojo de plástico que le colgaba un poco, yo tenía mucho cuidado de no perderlo, porque mi abuelo siempre decía "más vale hombre mudo que ciego" y como mudo ya estaba, pues sólo le faltaba eso... Tenía de boca una costura que simulaba una sonrisa, pero se quedaba en el intento, a pesar de eso, la verdad es que no era del todo feo, aunque mi madre estaba deseando encontrar la ocasión de deshacerse de él " con las muñecas tan bonitas que te he regalado y que te pases el día jugando con un pedazo de trapo sucio y asqueroso" decía. Ella no entendía que para mí, jugar con las muñecas no era divertido. Siempre pensé que era muy pequeña para ser mamá, y además no me gustaba hacer la compra, ni la comida, ni cambiar pañales. Ese no me parecía un juego divertido, así que las muñecas peponas, seguían abandonadas encima de mis estanterías. También me regalaron unas cuantas Barbies, pero tampoco hacía uso de ellas, eran todas demasiado rubias, demasiado guapas y perfectas como para ser mis amigas, (más o menos como en el colegio). En cambio a Rasputín lo encontré un día herido y abandonado al lado de un cubo de basura, lo rescaté y le prometí que le cuidaría para siempre y que seríamos grandes compañeros.

Mamá al principio no quiso aceptar nuestra relación (como si fuera el niño raro y marginado de clase, que nunca puede ser una buena compañía) pero al final un par de vueltas en la lavadora fueron suficientes para poder adoptarlo. La convencí también para que le cosiera las costuras rotas, pero mucho que se lavara y se cosiera, él seguía conservando ese aspecto desaliñado de quien ha vivido mucho en poco tiempo. A Rasputín se le había olvidado su papel como osito de peluche, no era dulce, ni suave, pero supongo que por eso me gustaba tanto.

Como le había prometido, se convirtió en mi compañero de aventuras, era lo único que metía en mi maleta imaginaria cuando hacía viajes a ningún sitio, y lo sacaba cuando llegábamos a no sé dónde para hacerle cómplice de cada acontecimiento. Al principió creí que era yo quién le hacía compañía a él, quien lo protegía y lo llevaba a lugares inimaginables, y ni Rasputín, ni nadie, me decían lo contrario, porque era una niña y sólo entonces tienes derecho a crecer en todo lo que quieras, sin ninguna excusa.
Un día lo dejé olvidado en el asiento del bus escolar. Cuando llegué al portal de casa, me di cuenta de que llevaba las manos vacías, que me lo había olvidado en el autobús, me di la vuelta y corrí detrás por en medio de la carretera, pero nunca logré alcanzarlo. Lo único que conseguí fueron dos azotes en el culo de mi madre asustada. Me pasé aquella tarde llorando en mi habitación, rodeada de las miradas arrogantes de todas aquellas frías muñecas que jamás había pedido. No lloré por los dos azotes, lloré por no fui capaz de cuidar al único amigo que tenía. Mi padre entró en la habitación, me sentó en sus rodillas secándome las lágrimas y me dijo: - No tienes que llorar más por Rasputín, tú no lo has abandonado ¿sabes? Rasputín se ha marchado, para que ahora, como tú aquel día, lo encuentre otro niño y aprenda que el mejor amigo y la mejor compañía no tienen por qué ser el juguete más bonito y reluciente, a veces basta con un peluche desaliñado.

Aquel día comprendí que Rasputín era quien me hacía compañía a mí, quien me protegía y era yo la lo necesitaba al él, y no de otro modo. No podría ser de otro modo.

E_Trusca

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aquietman

aquietman dijo

A veces, las personas aparecen en, y desaparecen de, nuestras vidas sin que conozcamos las razones. Y cualquiera de esas personas puede llegar a ser especial en nuestras vidas... Bonito ¿cuento?

Saludos,
Bartok.

12 Julio 2010 | 03:44 PM

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Uno ilicitano, otra ibicenca; los dos por gusto por la escritura. MrWaWah lanzo la idea, Etrusca acepto sin dudarlo. Cada uno de acuerdo a su punto de vista, percepción y entorno. Una rodeada de agua, el otro; perdido en la península y las palmeras. Dos disfraces para el mismo el mundo.

Gracias a los que...


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