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La Coctelera

Dos que nadaron sin mojarse

Dos que nadaron sin mojarse, es un proyecto compartido, un blog a dos manos.

3 Julio 2010

Dibujandote

Hace un sol de justicia. Los rayos se cuelan por la ventana. No es un gran día para estudiar pero no te queda otro remedio. Los exámenes se acercan y no te queda otra elección. Te levantas, bebes agua y miras por la ventana. Te vuelves a sentar. Una y más vueltas. Hace mucho tiempo que no pasas ni una sóla pagina. De repente suena el sonido de mensaje de tu teléfono. Lo buscas sin prisa y lo lees: "Estoy en tu ciudad. A las nueve, en ese restaurante que te gusta tanto. Te espero." Un sobresalto, esa sonrisa que se pierde en tu cara y que ya no te abandona. Ni en la ducha, ni mientras delante del espejo te tomas todo el tiempo del mundo para colocarte ese vestido, tus medias y esos zapatos tan altos. Aun te sobra tiempo. 

A las nueve en punto allí estoy. Plantado en la puerta del restaurante con una camisa negra y unos pantalones cualquiera, desgastados. Esperando, sonriendo, apoyado contra el banco que hay en la acera, viéndote llegar a lo lejos, tan perfecta y radiante. No puedo evitar ir a tu encuentro. Un abrazo. Los colores en tus mejillas no los disimula ni el maquillaje. Noto como tímidamente buscas mi mano, te dejo encontrarla y te acompaño adentro.

 Conversación y muchas risas. Una mirada que te busca y no tiene respuesta mientras llega el primer plato. Comemos tranquilos con muchas bromas de por medio. Otra mirada y vuelves a huir, mis dedos te rozan apartando el pelo de tu cara, quiero estar mucho más cerca de ti y me pego a la mesa todo lo que puedo. Tus sonrisas me dan permiso mientras no dejas de hablar ni un instante. Te escucho sonriéndote, disfrutando de tenerte conmigo. Con el segundo plato y el postre llegan las confidencias y preguntas de rigor, el cómo te la vida y que has hecho este tiempo. La cena termina y paseamos sin destino. Un paseo largo y sin prisas. Mi mano se acerca a tu muslo tras rodearte por la espalda. Te abrazo fuerte, mis brazos rodean tu cintura apretándote contra mí. Todo mi cuerpo te arropa. Me sientes a tu espalda arropándote con mi cuerpo.

- Tenemos cosas pendientes. Ven conmigo. - Mi mano busca la tuya y hecho a correr. Corremos por toda la ciudad. Sin mirar atrás, riéndonos mientras mi mirada busca tus guiños hasta llegar a mi hotel. Te abro las puertas y tirando de ti, entre risas te hago entrar en mi habitación. - Bienvenida.- Mi mirada te busca. Intento de nuevo que no me retires tus ojos y nuestras miradas se cruzan por primera vez. Mis manos te buscan rozando tus costados, cerca de la pelvis. Sujetándote, suave. Te sujeto de las caderas con mucha delicadeza sin apartar mi mirada ni un instante. Te traigo poco a poco hacia mí, hacia mi cuerpo. El ruido de los coches y las luces asoma por la ventana mientras abro la cortina, las luces de la calle se reflejan en el techo. La penumbra dibuja nuestros cuerpos.Te traigo hacia mí con cuidado, sin prisa, con la mirada perdida en tu cuerpo. Embobado recorro esas medias negras hasta perderme en el filo de ese vestido. Gris y tan pegado a tu cuerpo que cada curva y relieve de tu piel se marca sin dejar demasiadas sorpresas.

Mi mirada quema recorriéndote. Noto tus ojos por mi cuerpo perdiéndose en cada botón de mi camisa, subiendo por mi cuello y mi mandíbula. No me pierdo detalle de tu cuerpo, mientras dejo que tu mirada me erice. Cada rincón, cada lunar de tu piel. Disfruto de cada detalle con calma. Te escucho tragar saliva, esperándome. Te miro a los ojos. 

-Esos zapatos son geniales. - Una sonrisa. Te acerco más a mí. Notas mi cuerpo rozarte. 

-¿Te gustan? Pues no me los quites. No te lo permito. Todo lo demás está a tu disposición. Es tuyo. Como yo. - Una mano se acerca, una caricia sobre mis mejillas. Jugueteando con mi barba, rozándome con calma hacia el cuello. Un beso, una mano que se pierde en mi camisa encontrando los primeros pelos de mi pecho. Jugar con ellos.

Y ni una palabra más. No necesito oír nada más y lo sabes. Tus caricias me erizan y mi piel se estremece al sentir tu dedo buscándome, colándose en mi camisa. Los ruidos de la calle, del pasillo y de los coches; la gente charlando y paseando. Hace calor y he tenido que abrir las ventanas. La brisa que entra en la habitación roza tu cuerpo y el mío. El aire te pilla desprevenida rozando tu nuca consiguiendo erizarte. Muchos ruidos de fuera, pero dentro el silencio. Mi ritmo cardíaco, y el tuyo. Me acerco sigiloso por tu espalda rodeándote despacio pasando una de mis manos por tu cintura dando toda la vuelta a tu cuerpo, sobre tu vestido; que se pega a tu piel, acompañando a mi mano. Retiro tu pelo con calma. Besos en tu nuca, suaves. Un lamentón hacia tu oreja, un mordisco. La cremallera del vestido se baja poco a poco, mientras te beso el cuello. Lo muerdo rabioso. Ese vestido me encanta y dejo que se note. La cremallera me enseña tu espalda que lleno de besos con paciencia. Mis manos en tus caderas, quietas, seguras. Sin dejar que te escapes ni un milímetro. Un lametón en tu espalda, hace que te erices... y de golpe. Un solo empujón y caes en la cama. Recostada boca arriba. 

Me arrodillo en el suelo justo entre tus piernas. Subo uno de tus pies a mi muslo rozando tu pierna con cuidado con mis dedos. Escucho un suspiro justo cuando mis dedos empiezan a romper tus medias. Las rajo por completo, las destrozo, cada vez más rabioso y con más tirones. Un mordisco, y la otra pierna. Las rompo mientras tu respiración se acelera. Acabo con las medias con prisa dejándolas destrozadas. Mis manos rozan tu piel, notas mis dedos en tus piernas casi descubiertas. Con los dientes termino de arrancarlas dejando tus piernas libres para mis caricias. Tus muslos indefensos contra mis dientes y mi lengua. Contra mis manos, que rozan el interior con rabia, toda la mano fuerte. Tus piernas se erizan y paro. Me separo despacio mirándote divertido. Respiras acelerada con tu pecho moviéndose al ritmo de tu respiración. 

Me arrodillo sobre la cama, sobre tus caderas. Tus manos me arrancan la camisa sin demasiada delicadeza. Me dejo hacer, obediente, callado y sin rechistarte. La camisa vuela por la habitación y tus manos ya pasean por mi pecho. Me acarician haciendo que mi piel se erice. Te empujo con rabia echando tu espalda contra la cama. Mis manos te sujetan rápido las muñecas con mucha fuerza. Mi cuerpo se hecha sobre ti. Muerdo tu cuello y poco a poco, beso a beso, voy acercándome al filo del vestido que lamo con paciencia, dejándote sentir mi lengua por tu escote. Mis dientes, arañándote, mordiéndote. Tu vestido se sube y mis vaqueros rozan directamente contra la piel de tus muslos. Mis caderas se pegan a ti. Noto tu cuerpo pegarse a mi cuerpo buscando el roce de mi piel. Mis besos no cesan, los mordiscos te devoran.

Atrapo tu labio inferior, mordiéndote. Me separo de ti dejando que se escape de entre mis dientes, dejándote allí tumbada. Me paseo por la habitación, te miro disfrutando de tenerte así. Me quito los vaqueros rápido, el sonido del cinturón. Caen al suelo mientras no pierdes detalle. Y me acerco, por los pies de la cama, un tanga negro fino y muy pequeño asoma por tu vestido al cual mis manos dan caza enseguida, te lo bajan con cuidado. Pasando por tus muslos acariciándote. Primero un pie, con calma. Salvando tus zapatos y luego el otro... el tanga pasea volando por la habitación. Directo al suelo junto a mi ropa. Subo tu vestido con mis manos rozando tus muslos hasta dejarlo enroscado en tus caderas. De pie en el borde de la cama me inclino para pegar mis caderas a las tuyas, para que entre tus piernas sientas mi cuerpo. Mis manos te sujetan fuerte de las caderas y con rabia de un solo empujón me clavo dentro de ti. Te hago mía en cada empujón. Sientes mi cuerpo contra el tuyo y tus caderas se mueven buscándome, acogiéndome. Tus piernas bien abiertas, buscas donde apoyarlas, las guió hacia mis hombros. Dejas que descansen sobre ellos. Empujo contra ti con rabia y la cama suena moviéndose al ritmo que marcamos. Vuelvo a sujetarte para que no escapes ni un milímetro, para que no te pierdas ni la menor de las sensaciones. Sin dejar de mirarte a los ojos sigo moviendo mis caderas rápido y con fuerza viendo como tu rostro refleja lo que sientes, como tus muecas me piden más.

La respiración se hace notar en tu pecho más agitada y tus manos enroscan las sabanas, llena de rabia. Deshaces la cama buscando donde sujetarte. Disfruto del brillo de tus ojos y de cómo muerdes tus labios desahogándote. Y freno, muevo mis caderas despacio para frenar del todo y hacerme un sitio en la cama, sobre ti.
Busco tus manos entrelazando tus dedos con los míos. Y te beso, mis besos aceleran. Mi lengua juega contigo busca la tuya rozando tus labios. De un solo movimiento vuelvo a penetrarte. Noto tus zapatos rozarme y tus piernas rodeándome por completo mientras mis caderas se mueven, sin demasiada prisa. Dejándose sentir todo mi cuerpo en cada embestida. Tus manos se agarran fuerte a mi espalda y tu respiración inunda mis sentidos. La punta de mi lengua se pasea por tu cuello, juega con tu nuez, se pierde en tu clavícula. Mi mirada se encuentra con la tuya y mis gemidos hacen acto de presencia. Exploto dentro de ti. Me sientes arder dentro de tu cuerpo. Noto como tu vientre se contrae separándose del colchón mientras veo como cierras los ojos dejándote llevar por los espasmos y escalofríos que te recorren. Besos y caricias con mis dedos por tu piel, calmándote. Con paciencia te quito los zapatos para dejarlos con cuidado a un lado de la cama. Me tumbo a tu lado tirándome de golpe. Te abrazo por la espalda pegando mis labios a tu nuca, desnudos, nos cubro con la sabana.

 Una sensación cálida se acomoda en tu espalda. De nuevo esa sensación. Abres los ojos con calma, el sol entra en la habitación. Arrodillado a tu lado en la cama beso tu espalda con calma. Besos y más besos suaves por toda tu espalda. Recorriendo tu piel.

 - Buenos días. Ahí tienes tu zumo. - Son las primeras palabras que escuchas desde anoche. Una sonrisa ilumina tu rostro. Un susurro contra tu oreja. La punta de mi lengua trazando líneas en tu espalda. Dibujo sobre ella. Me he levantado con ganas de pintarte el cuerpo.

MrWahWah

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

waldarantxa

waldarantxa dijo

ala¡¡¡ lo has copiado del libro de "la marquesa de Gange" no¿¿¿
XD
me gusta :)

4 Julio 2010 | 01:35 AM

doscientos40

doscientos40 dijo

En Doscientos40 nos dejamos influenciar por otros clásicos. Los grandes seriales de TEO: “Teo en el parque”, “Teo en el zoo” y nuestro preferido; “Teo en el tren” donde Rita, la madre de Teo, lo pasa francamente mal.
Un saludo!

4 Julio 2010 | 11:39 PM

DesastreAnimal

DesastreAnimal dijo

Que bien pintas con las palabras Iván

16 Julio 2010 | 11:08 PM

thetwenties

thetwenties dijo

ha conseguido emocionarme de verdad, hasta las lágrimas...

6 Febrero 2011 | 11:25 PM

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Uno ilicitano, otra ibicenca; los dos por gusto por la escritura. MrWaWah lanzo la idea, Etrusca acepto sin dudarlo. Cada uno de acuerdo a su punto de vista, percepción y entorno. Una rodeada de agua, el otro; perdido en la península y las palmeras. Dos disfraces para el mismo el mundo.

Gracias a los que...


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