Percepción
- ¿Escuchas el viento hijo mío? - le preguntaba su abuela sentada en el sofá, mirándolo de lejos, viendo como pasaba los minutos con la vista puesta en la ventana. La mirada perdida, inmóvil, pero moviéndose rápido al mismo tiempo intentando no perder ni un sólo detalle.
- Si, ¡moviéndose y parado a la vez! - Insistía su abuela, sabiendo que iba a ser difícil conseguir una respuesta. El mismo aire se encontraba quieto, completamente parado en su lado del cristal, mientras fuera el viento golpeaba las persianas y jugaba con los toldos de las ventanas, haciendo silbar media ciudad como si de la mejor melodía de los años cincuenta se tratara. Orquestas filarmónicas de las mejores capitales europeas quedaban en ridículo comparadas con el silbar del viento. Cuando soplaba aquel viento y la ciudad se llenaba de hojas bailando ella no podía evitar recordar cuando de joven se pasaba las tardes escuchando a Frank Sinatra y el gran Louis Armstrong tirada en la cama, sin hacer nada más que cerrar los ojos y soñar, volar mas allá de donde nunca estaría. En aquella cama mentalmente era capaz de volar con cada ráfaga de viento, perderse entre las corrientes hacia lugares que sólo él y nadie más sabía dónde encontrar, lugares que sólo la imaginación de un niño puede comprender.Y se notaba en la mirada, se notaba que él no estaba allí, que su cabeza había volado mucho más de lo que su cuerpo podía ir en estos momentos por culpa de la lluvia y que si no fuera porque su parte física seguía tras la ventana no hubieras pensando jamás que estaba allí..
.- ¿Me estas escuchando hijo mío? Tú no escuchas el viento, lo oyes; como haces conmigo pero nada más. Si escucharas el viento apreciarías el largo viaje que ha hecho para estar aquí. ¿Sabes? - Y por fin dejó de estar inmóvil, para acercarse y sentarse a su lado apoyando la cabeza sobre el sofá, la miró sonriendo tranquilamente.
- ¿Es que no es escuchar lo mismo que oír? - preguntó sin pensarlo demasiado.
- No, para ti quizás, pero para mí ya no... - le contestó su abuela mientras rozaba sus mejillas con las dos manos, atrapándole la cara. - Para mí oír no es más que no estar sordo, pero hay mucha gente que no está sorda y aún así no escucha y jamás sabrán escuchar. Cuando te haces mayor te das cuenta, ¿sabes hijo mío? - y se calló de repente buscando la aprobación del que escucha y no sólo oye, su nieto la miro y sonrío...
- ¿Has visto? ¡Yo ya se escuchar! - Le respondió sonriendo, enseñándole el caramelo que le había robado de la rebeca mientras hablaban, sonriendo y metiéndoselo en la boca rápido antes de que le diera tiempo a su abuela a reaccionar. Ella sonriendo por primera vez recogió el papel del sofá guardándolo de nuevo en la rebeca.- Sí, sí que sabes hijo... - le dijo rozándole la cabeza suavemente para después hacerle un gesto con la mano de aprobación señalando a la ventana, instante que el aprovecho para salir corriendo hacia su habitación. Había parado de llover, su abuela sabía que se había acabado el tiempo de hablar y que ahora tocaba salir a jugar.
- Tienes razón, has aprendido a escuchar. La diferencia entre tú y el que sólo oye es que tú has tenido quien te escuche; y que te escuchen es la única forma de aprender a hacerlo con los demás... - murmuro casi para ella mientras veía como su nieto le decía adiós con la mano, con el balón en la otra y dispuesto a vivir. El golpe de la puerta la devolvió de su abstracción mental y lentamente giro la cabeza hacia la ventana donde los rayos de sol reflejaban haciendo casi brillar el cristal. El sol brillaba con fuerza dispuesto a marcar su territorio tras ganarle la partida a la lluvia. Se levantó y no sin dificultad se acerco a la ventana donde antes había estado su nieto. Miro por la ventana hacia la calle y se encontró con su nieto: hablaba , moviendo las manos y expresando con otro par de niños, sonriendo y gesticulando mientras los otros dos chicos lo escuchaban; los contemplo hasta que se perdieron al final de la calle. Cuando ya no era su nieto quien hablaba sino otro de los chicos y su nieto escuchaba interesado. Levantó la cabeza y miró hacia lo más lejano que le alcanza la vista y se encontró con el arcó iris adornado por los rayos de sol tras la lluvia.
Sonrío y volvió a murmurar: - No hay mejor calma y luz que la que produce la más movida de las tormentas... -
MrWahWah


