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La Coctelera

Dos que nadaron sin mojarse

Dos que nadaron sin mojarse, es un proyecto compartido, un blog a dos manos.

10 Junio 2010

Cautiverio

 Él me habló. Tenía una voz suave y fría. Cerré los ojos fuerte y no escuche nada de lo que me dijo. No tuve noción del tiempo de aquella conversación hasta que me di cuenta que la poca luz que asomaba por la puerta disminuía. Fue en ese instante cuando conecté de nuevo con sus palabras. Había estado aislado de su voz todo el resto de la conversación. Aquellas palabras me golpearon como el mejor de los ganchos de derecha. Todo el rato que había pasado esquivando los golpes de sus frases no había servido para nada. K.O. En un solo golpe.

- No saldrás de aquí jamás, cabrón. - Tan solo esa frase, y toda mi defensa volvió a ceder.

 Se tomó su tiempo. En su presencia era incapaz de dejar de sudar. El aroma a terror y desesperanza rondaba en esa habitación, aunque yo me había acostumbrado. Catorce días lo habían hecho posible. Sentí como apretaba las correas con fuerza. Todo el engranaje se tensó. Las ligaduras apretaron mis muñecas al colchón. Sentí de nuevo la presión en mi pecho. La caja torácica sometida a la tensión de las correas. Mi cuerpo hundido en el colchón. Sentí su mirada clavada en cada rincón de mi cuerpo. Cómo sus ojos me recorrían paseando por el correaje. Cómo cada vez que me visitaba, se alejó de mí; dejándome libre de sus miradas. Permaneció durante un largo rato compartiendo paredes conmigo. Cerré los ojos. Intentando olvidarme de su presencia. Su olor a limpio lo delataba. Era imposible olvidarlo. Me resignaba a esperar que se marchara. El golpe de la puerta y la leve línea de luz de encima de esta, me devolvían a mi espera. A mi estado de perpetua oscuridad.

 El hastío y el aislamiento empezaron a afligirme. La tortura física a la que estaba sometida era dura, las correas que me sujetaban al camastro dificultaban mi respiración y sentía un terrible dolor que me atravesaba todo el cuerpo. Era imposible cualquier movimiento. Tenía la boca seca y ya me había acostumbrado a sentir esa sed insoportable. Pero los azotes mentales eran muchísimo peor. Aquella oscuridad casi absoluta sólo me dejaba espacio para pensar y recordar, pero sobre todo para fantasear sobre un futuro que a cada minuto se me antojaba más irrealizable.

 A ratos tenía la capacidad de darme ánimos, sin embargo el menor cambio me desconcentraba y volvía a ese estado de resignación constante. Me había colocado de espaldas a la puerta, todo lo que podía contemplar era infinita negrura, cuando los días no eran muy pálidos me llegaba un leve reflejo de luz que se filtraba por debajo de la puerta, y que se había convertido en mi obsesión, en la única prueba tangible de que los días se iban sucediendo unos detrás de otro.

 Es curioso, cuando tienes la suerte de llevar una vida normal, lo que pensamos a lo largo del día es lo que se esfuma antes de nuestras memorias, en cambio cuando estás paralizada, cuando la actividad física es nula y se forman torbellinos mentales, todo lo que piensas durante ese periodo de tiempo, queda intacto para siempre.

 Aquel colchón correoso en el que alternaban protuberancias con pequeños sectores deprimidos llevaba siendo mi casa catorce días. Era incomodo a más no poder. El calor era sofocante. En algunos momentos del día incluso asfixiante. La camiseta se me pegaba al cuerpo como si fuera una segunda piel. El botón de los vaqueros cedió, de tanto intentar soltarme los primeros días. El pantalón ya no me apretaba, pero el sudor conseguía pegármelo a las piernas. Tenía las articulaciones doloridas. Pequeños picores sobre la piel. La sensación de que insectos se paseaban por mi cuerpo me invadía de vez en cuando haciendo que el picor de mi piel creciera. Cuando se marchaba, con paciencia y moviéndome con lentitud, conseguía aflojar el engranaje de correas que me amarraba al colchón. Con un poco de paciencia conseguía cambiar de postura. De lado, hasta que se me dormían las extremidades en las que me apoyaba y cambiaba de lado. Era la única movilidad que me permitía mi cautiverio. Cuando las visitas se demoraban lo suficiente como para coger aire, cantaba. Así hacia que el tiempo pasara un poco más deprisa.

 Estaba aterrada, enferma de soledad y mugre, sofocada, lloraba tanto que me dolía la cabeza y me escocían los ojos. Me daba la sensación de que el colchón de espuma se estaba descomponiendo bajo mi cuerpo, de que mi sudor y mis inmundicias lo alimentaban para hacer más insufrible mi calvario. Me hacía la valiente insultándole para mis adentros, necesitaba soltar esas palabras groseras para desahogarme, pero en el fondo temía las consecuencias si se las gritaba, de modo que me guardaba de cualquier impulso estúpido y me decía a mí misma "no lo hagas, no te busques más problemas".

 Me dejaba sola muchas horas, el tiempo pesaba como losas de hormigón.Tenía autentica claustrofobia y me lamía la heridas evocando cualquier momento de libertad. A pesar de todo busqué con cuidado, para no hacerme más daño de la cuenta. Me acordaba de la bañera grande y redonda de mi casa, de mi colección de jabones, de mi cama limpia y fresca, echaba de menos los detalles más insignificantes, pero sobretodo, una ventana, una ventana por la que poder mirar hacia afuera. Me pasaba los días esperando una paliza, una violación, algún castigo, pero nada.

En aquellos catorce días solamente se limitó a alimentarme y saciar mi sed de vez en cuando, y por supuesto a comprobar que las correas seguían bien sujetas. El ritual de siempre. No lo recuerdo muy bien, pero a veces incluso, parecida extrañado de encontrarme allí. Yo desde luego no entendía nada, pero nada me importaba tampoco, sólo ansiaba que aquello se zanjara de una forma u otra. Nunca tuve el deseo de suicidarme, de todas formas no hubiera podido. Pero cierto es, que la esperanza cada vez se hacía más irreconocible.

A pesar de todo, lo más duro era no poder hablar con nadie. A él le daba igual claro, el tenía su vida fuera de esa cloaca, el muy cabrón. Creo que estaba empezando a volverme loca en aquella prisión, porque un día sin más, comencé a hablar sola.

 La línea de luz sobre la puerta fue desapareciendo. Era la única forma de llevar un control de los días. El sueño era algo que tenía descontrolado desde hace mucho, la noche no era sinónimo de dormir. Me limitaba a cerrar los ojos y evocar el sabor del agua de mar, tan salada. El olor de la lluvia en la calle, cuando te sorprende sin esperarlo. El sonido de los mejores acordes de la guitarra de Bruce Springsteen El tacto de una mano suave y cálida, sobre mi cuello y mi nuca. Por las noches hacia mucho menos calor.

-Odio su voz. - 

Salí de esa caricia de golpe. Era una voz neutra. Cansada. Ni cálida ni agitada. Era completamente normal que mi mente me jugara malas pasadas en aquella situación. Me relajé. Había conseguido destensar las correas lo suficiente para poder ponerme de lado en el colchón. Me puse de lado. De vuelta a mis recuerdos: al tacto, al olfato, al oído y al gusto. La vista era algo que se me escapaba entre tanta oscuridad. Desde hace unos días tenía dificultades en distinguir si tenía los ojos abiertos o cerrados.

- Odio este calor -

Me sobresalté. Pegué tal bote en el colchón, que el sonido de las patas de metal de aquel somier retumbo por toda la habitación. Trague silaba, la voz no me salía...

- Es infernal. Lo odio. -

Por un momento llegué a pensar que estaba en la habitación. Qué me había quedado dormida y no me había percatado de su entrada, pero tampoco notaba su presencia.

-Detesto la luz que se filtra por la puerta. No me deja olvidar todo lo que hay fuera -

 Tenía dudas, no sabía si los sonidos que emitían mis secas cuerdas vocales serian de fácil entendimiento. Tan siquiera si podían llegar a parecerse a cualquier fonema entendible.
Resultó que sí, e intercambiamos frases durante un largo rato aquella noche.
Esa noche, me dormí sin miedo. Sabía que todo lo que me rodeaba, era compartido. Esa noche me sentí solidario. No tenía ni idea de lo que pasaba a veinte centímetros de mi cuerpo. Ni conocía la identidad de aquella voz; pero me gustaba tener compañía. Me abordó de la idea de tener a quien proteger.
No recuerdo como conseguí dormirme...

 Escuchar esa voz fue reconfortante y aun más saberla desconocida, era demasiado rota, demasiado débil para ser él. Fue como mejorar el confort de aquella mugrienta y corrompida celda.

Me hizo comprender que afortunadamente yo, sin ser consciente de ello, era una superviviente, que la esperanza estuvo siempre ahí, recóndita, pero ahí, en la cotidianidad de mis últimos días, "saldré de este infierno, ahora hay más posibilidades". Más tarde del mismo modo me castigó la culpabilidad, por sentirme aliviada, por amansar mi propio miedo con el miedo de otro.

 Cuando escuché la puerta. No tenía miedo. Ya no. Me sentía más respaldado. Estaba decidido a escuchar los pasos seguro. Sin encoger ni un poco mi cuerpo. Pero no eran pasos de una sola persona, eran más de uno. Sentí como se cortaban las correas. Como mis muñecas recibían el cosquilleo de la sangre corriendo libre. Una ligera brisa rozaba mi cuerpo. Caí en la cuenta de que tenía los ojos cerrados. La luz me deslumbró de golpe. Abrí los ojos con cuidado y tuve que cerrarlos enseguida. La habitación se había llenado de luz. Me levantaron a peso, sentía las manos en mi cuerpo. Voces, susurros a mi alrededor.

 Me pareció oír ruidos amortiguados que provenían del exterior. Voces, gritos y el eco de ladrillos o algo similar desplomándose por el suelo. La puerta se corrió pesadamente y unas luces de linternas fueron nuestra primera visita en mucho tiempo. La poca luz que entraba era suficiente para abrasarme las retinas. Cerré los ojos con fuerza, y no los abrí de nuevo hasta que me encontré muy lejos de aquella pesadilla.

 En trece días era la primera vez que me despertaba descansado. Las luces, las maquinas. No me contó demasiado darme cuenta de que estaba en un hospital. Estaba solo en la habitación...Estuve cuatro días ingresado en el hospital. Tenía recuerdos borrosos, momentos en los que mis sentidos se inundaban de aquellas sensaciones llenas de oscuridad.

El aire rozaba mis mejillas. Era un día terriblemente soleado. Los rayos de sol rozaban mi piel. Aquel calor sabía a vida. Durante el camino empecé a tener consciencia de todo lo que había ocurrido. Los recuerdos se iban hilando con paciencia, sin prisa. Cuando me acorde de aquella voz; me di cuenta de que ni tan solo había preguntado en el hospital cómo se encontraba ella. Ojalá el sol de hoy, le sepa tan a vida como a mí.

MrWahWah; E_Trusca

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9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gorka

Gorka dijo

Primer comentario! que nervios! que honor! se lo dedico a mi madre, a mi padre, a mis hermanos, mis amigos,,, jaja Dejando de lado que lo maximo que suelo leer son las noticias deportivas... Es una buena manera de comenzar vuestro blog, me gustan los finales felices! (sobretodo el de las peluquerias chinas :P) estare pendiente de las proximas publicaciones! Suerte a los dos!!!! Ya que estamos aprovecho, alguien necesita un coche? jaja muaks Lucy!

10 Junio 2010 | 11:44 AM

Fran Cordobé

Fran Cordobé dijo

Hola! Conocí este blog por parte de Etrusca. La conozco desde hace un tiempecillo y la verdad, al decirme que tenía un blog donde ella escribía, no dudé en decirle que sí, que me encantaría leerlo. Y con leerlo, también dejar alguna crítica, constructiva siempre. =) Ya estuve hablando con ella el tema de las faltas ortográfica, que, dando un pequeño tirón de orejas, se podrían evitar y quedar así el texto impoluto y, en este caso, PERFECTO. Y digo perfecto porque la historia me ha encantado. Hay pequeños libros de ortografía que podrían venir bien, ya que veo que reincides en algunas, MrWahWah. A parte de esto, otra pequeña crítica, y remarco que es sobre un gusto personal, hay algunas cosas que cambiaría. El texto en general me encanta, directamente. Y la idea, la situación y la forma de abordarlo. Queda genial. Pero quizás a veces hace muy lenta la lectura. Muchos puntos, comas... y eso está bien a veces, pero esta vez no me está ayudando, no sé si es porque están mal puntuadas o porque no me meto en el papel, o porque no lo merecen en esa situación (aunque en una sala de torturas, donde todo pasa muy lento, obviamente el texto debe ser lento, supongo). Sin embargo al estar en pasado el texto, y evocarme a un recuerdo, es lo que puede ser que no me encaje al relentizar con estos recursos literarios. Algo muy positivo, para que no todo sean críticas: Esta parte me encanta: "Me limitaba a cerrar los ojos y evocar el sabor del agua de mar, tan salada. El olor de la lluvia en la calle, cuando te sorprende sin esperarlo. El sonido de los mejores acordes de la guitarra de Bruce Springsteen El tacto de una mano suave y cálida, sobre mi cuello y mi nuca." ¡Este tipo de nostalgias me encantan! Pues bueno, sólo me queda felicitaros por vuestro blog, que sigais así escribiendo, y os tomeis a bien mis apreciaciones... que no pretenden otra cosa que el daros mi visión para que otra vez, si lo veis conveniente, la tengais en cuenta. ¡Salud! Y un abrazo para esos que no se mojan aunque crucen océanos ;)

10 Junio 2010 | 11:48 AM

Araceli,

Araceli, dijo

me encanta! cada uno su estilo pero enfocado al mismo tema. para cuando mas?? :D

10 Junio 2010 | 11:50 AM

Isabel.

Isabel. dijo

Esta genial, me ha gustado mucho. Se lo pasare a algunas personas que conozco. Seguro que les agrada :D No lo dejeis.

10 Junio 2010 | 11:51 AM

Coco.

Coco. dijo

a tao mu wai la historia la verdad ke me a gustao ya t dixo algunos fallillos xikitines ke teneis ke corregi aunke tmpoco sea un super lector jaja pero weno la cuestion ke la istoria ma gustao y ke pa cuando la segunda parte ??? jeje ke vaya bonito xitus y abrazus ;);)

10 Junio 2010 | 11:52 AM

vicsan69

vicsan69 dijo

Buenas noches. A pesar de mi poca afición literaria no podía dejar de leer vuestra primera publicación. Y os aseguro que lo he hecho del tirón, cosa que ya es un que. Como pequeño defecto me parece que falta pulir un poco la unión entre los párrafos de uno y de otro que si bien por separado están muy bien, al unirlos han llevado a repetir ideas, palabras, ... Me parece que está muy bien retratada la angustia de las personas retenidas en contra de su voluntad, la cantidad de esfuerzos mentales que se han de hacer para no caer en la locura en esas situaciones, las pequeñas cosas que hacen aferrarse a la esperanza de regresar a la libertad. Para mi el resultado ha sido muy satisfactorio. Creo que un poco más de tiempo en el "pulido final" le hubiese sentado de maravilla al relato (por lo que comentaba antes), pero en líneas generales me gusta. Seguro que con el tiempo todo se irá perfeccionando y nos iréis haciendo disfrutar con vuestros relatos. Suerte y ... al teclado. Un saludo.

10 Junio 2010 | 11:53 AM

judith

judith dijo

Esta muy interesante, pero me he quedado con ganas de saber mas de la chicaaaaaa,
Seguir asi.

11 Junio 2010 | 12:16 PM

doscientos40

doscientos40 dijo

Gracias por las opiniones, por los comentarios y por los consejos. Os agradecemos mucho el detalle: y sobre todo; vuestro tiempo.
Nos alegra que nos acompañéis en el inicio.
Un saludo!

PD: Doscientos40 y ha comprado una caja de cuadernillos rubio. Nos pondremos a ello cada noche, prometido.

13 Junio 2010 | 07:54 PM

ZanDriiUx

ZanDriiUx dijo

waaaaaaaaaaaaaaaaaaa....escriba mas D:....
y ya dije tbm...una novela no estaria nada mal :3 (tititittitititititititi)(<-disque efecto de sonido xDDDD)

4 Julio 2010 | 01:55 AM

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Uno ilicitano, otra ibicenca; los dos por gusto por la escritura. MrWaWah lanzo la idea, Etrusca acepto sin dudarlo. Cada uno de acuerdo a su punto de vista, percepción y entorno. Una rodeada de agua, el otro; perdido en la península y las palmeras. Dos disfraces para el mismo el mundo.

Gracias a los que...


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